Taller de lectura filosófica: La empresa de vivir (TLFEV)

By laempresadevivir

Un taller para abordar la lectura de La empresa de vivir. Quiero hoy ir por partes. Yo soy Mariano Iriart, promotor y coordinador por ahora de este espacio de taller. Coordino, significa que acompaño en la “ejecución de la obra”. Un taller es un lugar de trabajo y producción; suele haber paneles con las herramientas de su especialidad. Aquello que aquí intentamos e invitamos a producir le llamamos “lectura filosófica”, una modalidad de leer, actividad que es (bien puede llegar a ser) arte, creación.

Es filosófica en su medio: La empresa de vivir es un ensayo filosófico sobre el modelo actual de poder en Argentina. Tomás Abraham, su autor, es él mismo un filósofo, argentino, que está vivo y no es poco, y que además ‘piensa filosóficamente’ a la Argentina. Y su finalidad es filosófica: transformar lo que nos piensa, activar el pensamiento: Devenir la universidad pública en una máquina de guerra.

UNIVERSIDAD PÚBLICA Y PENSAMIENTO ACTIVO.

De eso se trata: por un lado, la afirmación del pensamiento: el pensamiento no es cualquier cosa, algo que viniera como del aire y pasara como el aire; no es la natural actividad de una facultad. Una fuerza debe obligarlo a pensar y el pensamiento actúa, hace algo; y lo que hace funciona como una réplica de la realidad: (PMA. “¿de qué manera pensar esto que pasa?”) En estado natural es pasivo, diríamos que en vez de ejercerse, el pensamiento se deja pensar. Activar el pensamiento: otras imágenes, otros puntos de vista, otros objetivos. (Eso es la filosofía: ¿hasta dónde es posible pensar distinto de lo que se piensa? ¿Qué hace falta para pensar de otro modo? Hay momentos en que recorrer el límite de lo que pensamos es necesario para poder seguir pensando) Pero ‘pensar’ es un transitivo:

Del otro lado: la universidad pública. La universidad no es una institución cualquiera: Produce saber. Y es pública: es decir, abierta y de cada uno (más lindo que su sinónimo ‘todos’). Diríamos que la universidad pública es un espacio de producción de saber, pero que está ahí no ofreciéndose, sino como un hueco: la posibilidad de un espacio de…: está ahí, pero al modo de “hacerse cargo”. Pero hoy es un hueco porque no lo ocupa nada: no en espacio donde como en la antigua polis bien nos vemos las caras, sino en tarea, nada la ocupa, se vació. No produce poco, ni siquiera reproduce: se desdice, se contradice, lo peor para cualquier intento de saber, porque es su anulación más torpe. Se vació y es cáscara vacía, no por el FMI, la ley de reforma, o el bajo presupuesto, o no sólo por eso: sino también y fundamentalmente, porque los que la hacen a diario y, en definitiva, son “la universidad”, docentes, no docentes, empleados, alumnos, son torpes y mezquinos.

La idea es que pensar debe activarse: El tema, el objetivo, la tarea del taller tiene que ver de lleno con esta universidad pública que pisoteamos: devenir la universidad pública una máquina de guerra. Un objetivo y (¡tengo argumentos!) también un deber, una responsabilidad.

Una máquina de guerra: plantear batallas nuevas, guerras insospechadas y tanto más necesarias, luchas nunca vistas, imprevisibles: ¡guerra a la estupidez!, ¡lucha contra la irresolución local!, ¡¡vamos a destruir nuestra imagen (de alumnos universitarios)!! que portamos de nosotros mismos, ¡¡¡¡enfrentados al facilismo argentino y a la viveza criolla!!!! Nada de eso ya divierte, ni es gracioso.

Ya hace unos años, en el 2004, con un compañero presentamos un “taller de filosofía” le llamamos entonces, (¡todavía más pretencioso!) en el que leímos Vigilar y Castigar también los sábados a la tarde, cada 15 días. A lo que nos proponíamos, y les propongo, le puse un nombre. Se trata de un fenómeno que encuentro muy interesante, al que llamo “recurricularidad”, nombre de descendencia deleuziana evidentemente: se parece a su concepto de reterritorialidad (que está en relaciones con el de desterritorialización); pero ésta recurricularidad de la que les hablo tiene un valor positivo. Es una relación que se puede dar entre lo “curricular” y lo “extracurricular”, y es una relación que los pedagogos ni siquiera se han planteado (por lo que vi; y recuerdo: ése año me mandé todas las pedagógicas juntas, estaba un poco condicionado quizá a pensar esas cosas). Me parece que lo “extracurricular” es más interesante que “lo que se trae de casa o se aprende en la convivencia”. Tal vez por enfocar la relación pedagógica involucrando al niño (no al que llevan dentro, sino a “el niño”), este espacio se ve muy reducido, en tanto favorece o no favorece lo curricular, que en definitiva es la meta. Sin embargo, yo compruebo que el espacio extracurricular de una universidad es muy diverso y que da lugar a infinidad de cosas muy interesantes. Nos sorprendió en aquel momento la variedad de cosas que se podían hacer, teatro, aprender idiomas, bailar el tango, ensayar con la murga…, bueno, ir al taller de filosofía, etc. Todo eso ocurría los sábados a la tarde. Hice entrevistas y todo: En fin, me parece que el espacio “extracurricular” de la universidad puede aportar a una transformación y a elevar el nivel curricular, que es muy bajo realmente y al que le presentaremos imprevista batalla:

¿Por qué es tan bajo el nivel de esta universidad (de humanidades, al menos)? ¿porque los secundarios son una mierda y los chicos no saben nada; porque los profesores son de cuarta y los compañeros de décima (o viceversa)? ¿por qué somos pobres y debemos plata? ¿por qué no hay aulas ni buenas sillas? Todas esas cosas son excusas; nos justifican para no intentar cambiar nada, para continuar despreciando lo que lleva tiempo y es difícil, lo que se hace de a poco y requiere un férreo compromiso y duro trabajo. Organizo (o nos organizamos en) este taller para eso: para desarrollar nuestras aptitudes al leer, al escuchar, al hablar y discutir, y aprender algunas cosas y escribir si podemos; pero también para que se multiplique, y para desarrollar formas de encuentros impensados y que podrían enriquecernos; establecer otras alianzas, mejores defensas, eventualmente, si la educación pública fuera atacada.

Pero no hacemos eso. Creo que estamos conviviendo con imágenes muy distorsionadas de la realidad en la que intervenimos. Pensamos, por ejemplo, que “luchamos por nuestros derechos”, que se nos deben garantizar ciertas condiciones que imponemos y merecemos, porque nuestro esfuerzo (el de “quemarnos las pestañas”) lo valen. De eso resulta una mierda: lo sabemos todos, ni nos esforcemos en disimularlo.

Encarar otras guerras. Creo que este pensamiento: “tenemos un derecho, es legítimo (incluso urgente) reclamarlo” funciona, actúa en la realidad. Y me parece, sin embargo, que tenemos que dejar de pensar así, relativizarlo e invertirlo. Pues de hecho el reclamo, dadas las circunstancias, deviene ilegítimo. Y es ilegítimo fundamentalmente porque la universidad pública, la instrucción universitaria gratuita y pública, dejó de ser un derecho hace mucho, no digo sólo a nivel local o regional: Mar del Plata se destacó como una de las ciudades de más alto índice de desocupación del país; ni siquiera nacional: en condiciones semejantes; a nivel mundial es un lujo que a cualquier hijo de nadie que se le ocurra ser abogado, o profesor o ingeniero sin ninguna otra virtud que la paciencia, llegue a serlo. Lejos de ser un derecho que nos sea legítimo reclamar, pasó a convertirse en un privilegio; y como tal, es la base de una injusticia, que deberíamos reparar. Privilegiados somos, los que asistimos a esta universidad gratuitamente, los que nos damos la oportunidad de hacernos dueños (ojalá) de nuestro propio destino… -Es lo que hay y es demasiado (además, ya que leeremos a Abraham, T.A. fue profesor de esta facultad, dio un seminario sobre Michel Foucault. ¿saben lo que pasó? No me creerían: éramos seis: cuatro de bibliotecología y dos de filosofía. Yo fui el único que rendí examen final de ese seminario. No era apatía. Algunos tenían miedo: coincidía la presencia de Tomás con el retiro jubilatorio de un profesor; pronto se difundieron suspicaces y ridículos trascendidos de que T.A. iba a hacerse cargo de la materia contemporánea, y un grupo de estudiantes se organizó en Asamblea, se autodenominó Asamblea de Estudiantes de Filosofía (todos los estudiantes) y presentó notas, elevó cartas, armó documentos, filmó reuniones del consejo académico, en nombre de nuestro derecho a la mejor formación: se nos pretendía quitar una eminencia y hacer entrar por la puerta chica a un opinador mediático. Doy fe de que pasó así).

“Es un deber del justo luchar contra cualquier privilegio”; nos va como nos va, así como estamos: prendidos a los privilegios, fingiendo derechos, históricas reivindicaciones, merecimientos y reconocimientos. La universidad pública, en particular para los que la hacen (o deshacen) y forman parte, lejos de ser un derecho, genera una obligación, es la fuente de un deber (el de reparar la injusticia por el privilegio inmerecido), el origen de una responsabilidad. Hay que cumplir con ella: primero definirla, y luego cumplir así de simple, y no porque vamos a ir presos o por temor a las represalias, quizá para liberarse…

A este deber también le pongo nombre, es una posibilidad; ya se los dije: “devenir la universidad pública una máquina de guerra”: una fuerza que reúna las dispersas máquinas de amar, máquinas de crear, máquinas de pensar, máquinas de vivir capaces de enfrentarse todavía a los “aparatos de captura”: la “máquina de guerra” contra los “aparatos de captura”; “máquinas” y “aparatos”. (Son conceptos deleuzianos). Leo un parte de batalla, así comprendemos con un ejemplo de lo que estamos hablando: “En la UBA, 2002, entre abril y junio. Christian Ferrer y otros formaron una comisión para ver qué se podía hacer desde la Universidad (Pública) por la situación social de los argentinos: ¿qué se podía hacer respecto al hambre en Argentina? Una dieta que fuera a la vez nutritiva y barata. Consultaron en la facultad de nutrición acerca de qué alimentos y qué combinaciones poseen esas características, capaces de satisfacer de modo adecuado ineludibles exigencias orgánicas: pues allí no tenían ni idea. En realidad, (digo yo) porque estaban capturados por otros problemas. Todo lo que se conocía y se preguntaba, en ese ámbito, tenía otros objetivos: planes para mejorar la calidad de vida y adelgazar, más o menos… ¿Sabían ustedes que, por ejemplo, con un plato de garbanzos y un huevo duro una persona tiene de lo que necesita como para tirar todo un día?”

Nuevos conocimientos, que requieren un cambio en la actitud y también de la mirada. Retomo esa guerra íntima que les propongo de dejar de verse como legítimos defensores de un derecho para considerarse como sujetos responsables de una injusticia. Pero atención: no tiene nada que ver con hallarnos todos culpables (culpables cada uno), ni de iniciar una nueva modalidad de cacería en contra de nadie. Tampoco es la transformación del sistema de distribución de responsabilidades lo que me interesa directamente. Más bien intento apuntar a lo que hace a la forma del pensamiento, a la manera de pensar, que a la vez son los modos en que el pensamiento actúa en la realidad. Me parece que esto que al principio parece no más una idea, tiene consecuencias en la práctica, referidas a cómo pensar esto que la inercia nos hizo parecer tan distinto, cómo tomar esto que se presenta en la forma vieja, a qué atribuirlo si ya no se puede seguir creyendo que legítimamente luchan (luchamos) por ‘nuestros’ derechos. “A veces, dice Foucault, pensar distinto de como se piensa y mirar distinto de cómo se ve es indispensable para poder seguir pensando”. En realidad, mucho antes que la culpa de todos, lo importante es el coraje de cada uno para asumir lo que debe, hacerse libremente responsable (ya se los dije) para alcanzar la máquina de guerra.

12 comentarios para “Taller de lectura filosófica: La empresa de vivir (TLFEV)”

  1. mariano Dice:

    ¿Creemos que esto va a cambiar la realidad, que va a incidir radicalmente? No; esto sale del “voluntariado” y son necesarias varias inversiones, en todos los sentidos de conversiones y de recursos. Es más bien una manifestación de descontento, pero dulce. Pero también sí, en cuanto (y en tanto) intervenimos, preguntamos “¿qué hace falta y que ya no hace falta para poder ejercer el pensamiento en la realidad y decidir en parte lo que somos en las condiciones actuales?” Un trabajo, a partir de una manera de entender la filosofía y que problematiza nuestro ser argentinos. Por eso leemos La empresa de vivir. No se trata de “hacer crítica”, sino de aprender productivamente.

  2. Laura Dice:

    Creo que lo que más me interesó al leer la propuesta del taller, fue esto de: ” La universidad pública, en particular para los que la hacen (o deshacen) y forman parte, lejos de ser un derecho, genera una obligación, es la fuente de un deber (el de reparar la injusticia por el privilegio inmerecido), el origen de una responsabilidad.”. Siempre me sentí privilegiada por haber podido acceder a la Universidad en forma gratuita, y yo ( más allá de la calidad institucional y académica) aprendí bastante, pensé y me interesé; y sigo interesada, queriendo aprender más, trabajando, pensando y agradeciendo la oportunidad dada ( aunque no formo parte actualmente de la estructura universitaria). Sé que es mi deber reparar y así trato de encarar la vida profesional.

  3. laempresadevivir Dice:

    Cuando Mariano planteó por primera vez que la universidad pública no era un derecho me asusté y me resentí, esa sensación fue producto de una experiencia, social y política, por la cual yo había defendido eso que creía un derecho, siendo consciente de que quizá en el futuro no podría gozar más del mismo. De cualquier forma, muchos quedamos afuera, de diversas formas, no solo de la Universidad y no justamente por estar en una posición crítica, ni siquiera por una elección. Al calor de un estado actual de las cosas, entendí qué significaba “estar adentro”, de qué se trata esta responsabilidad respecto de ese privilegio que defendimos y que se presenta como injusto.

    Ile

  4. mariano Dice:

    A mí me gusta: ““devenir la universidad pública una máquina de guerra”: una fuerza que reúna las dispersas máquinas de amar, máquinas de crear, máquinas de pensar, máquinas de vivir capaces de enfrentarse todavía a los “aparatos de captura””. Y “Nuevos conocimientos, que requieren un cambio en la actitud y también de la mirada”. El primero es Deleuze, el segundo es Foucault.
    También hay algo que me interesa, como objeto de estudio, realizar su “genealogía”. Me refiero a la Asamblea de Filosofía: encuentro en ello una serie de claves que permitirían actuar, en inicio, inactualmente, contra el presente, en el presente y a favor (así lo espero) de un tiempo futuro. Y además soy testigo privilegiado en los vericuetos de su integración y dispongo de medios de acceso al material, de modo que para aprender a hacer, mejor tratar con algo que estén sus elementos más o menos al alcance. mmm, si no la genealogía, al menos construir mi testimonio. Esto que cuento acá del nacimiento, me parece un momento fundamental en la historia política de la universidad. Bueno, ubiquémonos un poco, estamos en el año 2000, fin del vaciamiento (Acerca de la incapacidad de pensar, v. “La crisis de los intelectuales”). Varias iniciativas, y el persistente aburrimiento. Surge esto cuya novedad es la confiscación de la política estudiantil. Porque éstos asumieron, como asunto de su interés, aspectos exclusivos del gremio docente, como cuánto cobra un profesor, quiénes deben confeccionar la planta y bajo que modalidad, etc. Es decir, cuando plantaron su discurso ante el consejo superior de la universidad, en defensa de los derechos del benemérito doctor de ética, don RM, exigiendo además cuánto debe ganar por contrato, dado que estaba ya jubilado del ejercicio por edad, creo que ahí nos encontramos con algo que da qué pensar. Y que dió y da qué hacer para los que se afilian a eso (p.e., lo que pasó en la UBA con la asunción del rector o en el Colegio NAcional de BA pienso, aunque ellos no tengan ni idea, que tiene su gestación en Mar del Plata y con la AEF) y que de ese modo se hace imposible elaborar una política estudiantil a partir de los propios intereses. Y sobre todo en el aspecto de formación de futuros “dirigentes”. No es que yo quiera formar dirigentes o ser yo mismo dirigente, sino qué me interrogo ¿cómo serán los nuevos dirigentes? y trato de analizar su formación.

  5. mariano Dice:

    hoy estuve en la facultad, sesionaba el consejo académico para designar decano y vice. Por empezar esos me parece deberían ser cargos públicos, que los elija la ciudadanía, no sus magros representates electos en claustros. Que exhiban sus capacidades, para qué están, qué gestiones asumen llevar a cabo, etc. En fin, es una ducha (la que a algunos le hacía falta… está bien que hacía calor en esa sala, y el cuerpo suda), no pasó nada porque no hubo quorum, el 18 lo intentan de nuevo, la 3ra. se hace con los presentes, aunque -las palabras como suelas- dicen que no se va a permitir el desarrollo de la sesión. Me encontré con un chico, Diego, que conozco hace bastante de ahí de filosofía del 97, ó 98, en la época que eramos todos amigos. Había colgado, ahora está inscripto en sociología, arranca este año, no venía desde entonces, estaba ahí también, haciendo número sin saber con quién, tal como se insta a ser. En eso no hay tanta responsabilidad. Yo me hice un test, proyecto esta cuestión: ¿hasta adónde está dispuesto a justificar? creo que es proporcional a la medida que ansía creer en la posición que tiene, en la bondad o la insignificancia incluso, de su lugar y entorno. Es interesante porque no se trata de cosas que se ignoran del todo, aunque su realidad se evapore en una acción adversativa (“Sí, pero…”). Cuando obtengo resultados, rara vez satisfacen mis parámetros de normalidad, quiero decir, en definitiva, que la gente me alarma.

  6. Ileana Fayó Dice:

    Hola gente: recibí el mail de Mariano y en parte en respuesta a su apelación, pero también por una necesidad propia, decidí comunicarme con ustedes para ir estableciendo algunos contactos antes del inicio de esta segunda etapa del taller.

    A modo de balance del año anterior, me parece importante rescatar algunas cosas de lo que hicimos, que de alguna forma son introductorias para este segundo año. La primera tiene que ver con un dilema que enmarca y justifica que la lectura de La empresa de vivir se haga en la universidad y en el formato que adoptó el taller de lectura. Me parece que en la Argentina, desde la fundación de la UBA en 1821, no se ha dejado de cuestionar el papel desepeñado por la universidad- o sobre la ausencia del mismo- en la sociedad y en las estructuras políticas. En cada época la universidad ha sido algo diferente y a cada generación le ha correspondido una experiencia diversa que da que pensar en la pretensión de universalidad de sus formas. Me parece que integrar la lectura del libro de Tomás Abraham, La empresa de vivir (objetivo central del taller), con este debate, no es una tarea exígua, sino necesaria e importante. No es una preocupación banal para quienes integran a la comunidad universitaria. En ese sentido, el taller es estratégico. No se trata de perseguir el éxito, ni aspiraciones de triunfar sobre otros, a lo sumo, quizá cada cual persigue un trabajo sobre sí y, grupalmente, generar algún tipo de molestia.Todo eso es bastante. Se le agrega algo que considero valíoso, como es proponernos hacer algo bien. Leer un libro complejo en profundidad. Tomar apuntes, hacer notas, producir, asistir sin ser obligados por la falta, hablar si somos tímidos, callar si no soportamos el silencio. Aprender a leer por fuera de lo instituído, comunicarnos, ayudarnos a ver perspectivas impensadas, buscar nuevas maneras de pensar un problema, encontrar un detalle cual un detective y proponernos y cumplir objetivos, etc.Algo de esto hicimos. Pensar por nosotros mismos, y en relación a otros, asumo que es un ejercicio difícil, pero es un ejercicio que no es acorde con el adiestramiento de las reglas institucionales en crisis permanente, crisis que nos entretienen en pensar como administrar esa agonía que nunca llega a su fin, en la defensa de los privilegios que funda, y no en reflexionar acerca de la posibilidad de alternativas a esas realidades conocidas.

    Estas cuestiones tienen que ver con las peripecias frente poder asistir al taller, con el objetivo de poder conformar de forma más o menos estable un grupo, un compromiso, y que tiene que ver con lo que incluye y excluye la universidad misma.

    Al respecto, el año pasado discutimos acerca de la relación de la universidad con el afuera, asumiendo que la supuesta interioridad no era tal, en la medida que no somos ajenos, en tanto esas problemáticas que se asume que están fuera atraviesan a la institución, y teniendo en cuenta que incluso dentro de ella se reproducen ciertas lógicas de exclusión, en consecuencia, considerábamos a la universidad como una institución ambigua y conflictiva, y en efecto también como un campo de resistencias. En relación a esto, se debatió el año pasado acerca del rol de los intelectuales y del pensamiento. Algunos cuestionaron su descompromiso político y social. Otros defendían la autonomía del pensamiento, denunciaban la indignidad de hablar por los otros, de ofrecerles las soluciones a sus problemas, y defendían formas de pensar que organicen nuevas formas de hacer, alternativas a las racionalidades hegemónicas. Esto entronca directamente con el libro. Para Tomás Abraham, es la racionalidad económica la que define una nueva tecnología del poder. Esto nos atraviesa a todos y a la universidad misma, hasta pone en entredicho su mismísima posibilidad de seguir existiendo o problematiza las condiciones y costos a los que debe su continuidad. La racionalidad económica define criterios de exclusión e inclusión, universidad como espacio de contención de la marginalidad en crecimiento, universidad como privilegio, universidad de élite, universidad de trabajadores, universidad de profesionales versus técnicos terciarios, universidad como empresa, universidad como espacio de producción de saber, campo de luchas del poder-verdad,etc. El desafío es cómo pensar de otra manera el problema, en la medida de considerar que la universidad no es un universal, en consecuencia, preguntarnos qué es la universidad para nosotros, en qué ha devenido, qué ha cambiado, proponerse un universo de interrogantes que se nos plantean, enmarcados en un mundo totalmente diferente al que generaciones anteriores habrían imaginado. Acerca de este tema también reflexionamos el año pasado en base a un artículo que Mariano escribió y que también está en el blog, sobre el cual incluso es posible reeditar el debate. Digo todo esto, porque el taller sucede en la universidad, pero está dentro y fuera de la institución. A esto mismo se debe que nos cuestionaramos por la ausencia de interés, el poco poder de convocatoria, las dificultades para leer cuando hay que trabajar o estudiar para finales, o para sostener las voluntades de asistir cuando empieza a hacer frío y las noches caían cada vez más temprano, etc. Una de las cosas que molesta es que de expedir un certificado la asistencia sería, no digo especialmente dedicada, pero sí más numerosa. He aquí un criterio de exclusión que nos toca de cerca y nos involucra a todos: la certificación académica, el aval institucional, el recoger puntaje. Esta producción de certificaciones no solo le da trabajo a la burocracia de la universidad, sino que vuelve a sus propios investigadores, docentes y alumnos en verdaderos profesionales de la burocracia. El manejo de estas hablidades es condición de la profesión, es decir, de acceso a las diversas instancias de participación, y legitiman una labor que no es cuestionada por su valor, inteligencia, originalidad, etc. sino por reunir las formas y alcanzar puntajes. Asimismo, hay una exigencia de la certificación como condición del propio asistente, puesto que sino la participación en un seminario, taller o clase no acreditada se volvería un esfuerzo exiguo, sin valor. Gracias a esta dinámica, se extinguieron las voluntades ajenas a las formas institucionalizadas. Por ejemplo, la generación de intelectuales formados en los 60′, es verdad que se educaron en una universidad de nivel, sin embargo, todos ellos fueron excluídos por las dictaduras sucesivas y se formaron y pensaron en grupos no formalizados, motivados por la necesidad de hacerse de la posibilidad de pensar de forma alternativa a las exigencias de la universidad de Onganía, para poner un ejemplo. Los grupos de investigación no tienen un orígen en la universidad, vienen desde fuera de ella, y la han transformado. La universidad institucionalizó estos espacios, sin embargo, yo creo en la importancia de rescatar esa tradición nómada y discontínua, que no responde a los intereses y reglas de una institución, aún desarrollemos la actividad dentro de ella. Pues bien, ante este así y no de otro modo, quiero rescatar al menos el esfuerzo del grupo de personas que asistieron a este taller durante todo el año pasado sin ningún tipo de búsqueda de garantía o certificación institucional de haber hecho esta experiencia, salvo por nuestro testimonio. Por esa razón, el compromiso solo puede construirlo cada uno para sí, con los otros que forman parte del taller y con el valor de las cuestiones que en él se discuten. La acreditación curricular no puede ser el criterio que construya el amor por el conocimiento. Lo extracurricular, es para Mariano, una instancia de descurricularización, concepto inventado por él como un simil del concepto de desterritorialización de Deleuze.

    Otro criterio de exclusión e inclusión, relacionado con el anterior, es el del número. Me interesó particularmente porque la legitimidad de número aparece en varios episodios de la historia de la universidad contemporánea, una vez más, no porque le sea propio sino por ser un criterio de la política contemporánea. El problema que quiero señalar es como esta lógica casi estadística para legitimar una actividad encubre un debate serio acerca de los discursos y las prácticas que no aparecen cuestionadas. Esto es importante en la medida que supone para el sentido común los argumentos por lo cuales se opta por cerrar o abrir las carreras o privatizar las universidades, por ejemplo. Tampoco somos ajenos a la legitimidad de número y nos preguntamos varias veces ¿Por qué somos tan pocos en el Taller? Y en fin, entonces, cuando llegábamos a un número importante y había mate ¡ éramos felices ! Quiero rescatar esa felicidad. Haber llegado hasta acá ese grupo quizá solo nos vuelve una suerte de sujetos motivados por el capricho. A lo que me refiero es que, si fuera por la lógica de número y la certificación, no hubieramos seguido asistiendo, y reconozco que muchas veces debilitó las voluntades de varios. Creo que el número puede decir muchas cosas, no se si muy interesantes ( por ejemplo que no tenemos amigos o contactos )pero seguro que muchas menos de las que podemos decir cuatro o cinco personas sobre este libro. Considerar el valor de cada uno de los miembros, por pocos que sean, y del libro sobre el que estamos trabajando, fue importante para no perder el entuciasmo. De cualquier manera creo que todos los que asistimos tienen como primera tarea invitar a otra persona al taller o, al menos, a consultar el blog y de esta forma, tratar de conformar una red de contactos que amplíe el trabajo no en términos necesariamente de número vs calidad, ni como principio de legitimidad, sino para ampliar las perspectivas, las lecturas y encontrarnos con esos otros que necesitamos para salir de nosotros y elaborar pensamientos. Espero que nos encontremos pronto, el 15 de este mes, Saludos a todos! Ile

  7. Guti Dice:

    Amigo Iriart y demas talleristas:

    No voy a poder concurrir. Este fin de semana viajo por motivos de no placer a la populosa Benito Juarez. Procurare aparecer en la segunda reunion. A modo de participacion virtual les dejo algunos comentarios respecto a los mails y algunas cosas que recuerdo haber leido en el blog:

    - 2do. ciclo: Se me ocurre un ciclo es algo que comienza y termina en un mismo lugar, una misma situacion, o una misma configuracion material. Un “ciclo lectivo” por ejemplo, concluiria con los alumnos de primer grado volviendo a debatirse para escribir “mi mama me mima” luego de haberse aprendido todo el abecedario. En base a mi escasisimo contacto con el taller (el blog, los ultimos mails, algunas charlas de entresemana con Iriart) me atrevo a concluir que el taller no representa un ciclo, sino una progresion, algo que se multiplica y redefine en su transcurso.

    - “Amor por el conocimiento”, “Voluntad de estudiar”: Modesto o no, muy lindo, loable, en realidad casi heroico, pero insuficiente: es facil intuir que hay algo mas. Pudiendose estudiar e incluso amar el conocimiento en la soledad de una pieza llena de humo (o flores), la necesidad de reunirse con otros (sostenida a lo largo de un largo anio, segun lo indican los testimonios) y de aumentar la convocatoria (manifiesta en las multiples* invitaciones) sugiere que hay una busqueda de interaccion, retroalimentacion, y fertilizacion cruzada (de las ideas, por cierto). Asimismo, el hecho de que el foco no este puesto en la morfologia de las plantas superiores sino en un libro que aparentemente** desnuda elementos constitutivos y mecanismos de las estructuras de poder, incita a pensar en algo asi como una necesidad de accion ante la realidad y, principalmente, ante los modos en que se la construye e interpreta.

    * A las convocatorias por mail sumo la cantidad de veces que Iriarche se me acerco con expresiones del tipo “Dale boludo, veni al taller, no seas boludo, boludo”.
    ** Digo “aparentemente” porque en mi lectura de LEV aun no avance mas alla del indice.

    - LEV: El libro se me aparece como una excusa (presumiblemente* adecuada) para satisfacer e integrar las necesidades de accion e interaccion arriba mencionadas: el taller mismo — esto es, el pensamiento, su propagacion y transformacion — como una muestra material de la integracion entre teoria (o acaso pensamiento*) y practica de la que hablan Foucault y Deleuze en la entrevista recientemente publicada en el blog. Respecto a esto ultimo, me siento en la obligacion de aclarar que es demasiado posible que haya entendido todo para el orto.

    * Digo “presumiblemente” porque en mi lectura de LEV aun no avance mas alla del indice.
    ** No se por que me siento mas comodo con “pensamiento y practica” en vez de “teoria y practica”, acaso vicios heredados de las-ciencias-duras y la epistemologia. Intentare pensarlo.

    - Que tiene que ver la universidad con todo esto?: Alcanzo a identificar dos formas basicas en la que el taller se vincula con la universidad. Una de ellas es el vinculo edilicio, el cual podria llegar a ser percibido como el punto fuerte del taller en terminos de curricularidad* pero que considero absolutamente irrelevante a su desarrollo. El otro vinculo, definitivamente interesante de discutir, tiene que ver con la vision de la universidad como unidad y fuente de cambio (“la maquina de guerra”) que, a su vez, necesita ser transformada para funcionar como tal. Iriart incluso redobla la apuesta y plantea una deuda para con la universidad de parte de sus egresados por haber tenido estos el privilegio de acceder a un titulo sin muchos mas meritos que la paciencia. [Inconcluso]

    * Gil dice: “Bueno, si bien no entregan certificados, el taller se dicta en la universidad”

  8. Laura Dice:

    Bienvenido!
    Y si, también necesitamos de los otros para que el pensamiento fluya, y engorde y adelgace, y se enriquezca… Creo que el principal objetivo del taller es, a través de este ejercicio intelectual que propone, la creación de esas ” nuevas armas” que nos permitan intervenir en la realidad – cada uno en el área de la vida en el que está involucrado o pretende estarlo- con solidez.

  9. laempresadevivir Dice:

    Grande Guti, lo puse acá porque está dirigido a todos y aunque esté inconcluso tiene lo suyo, espero que no te moleste (y con tu dirección así ya este coso te “reconoce” y no te dice que “esta esperando moderación” – la próxima vez que escribas, si es con este nombre y con tu mail, ya lo manda directamente).
    fue el primer encuentro: estuvimos los de siempre, salvo Carolina (¿dónde estás?… ¡“¿en qué frecuencia estás?”!) y dos más. Bien: charlamos, recordamos, proyectamos y repartimos la tarea expositiva de los próximos encuentros. Es verdad que no es un ciclo lo que hacemos, aunque vamos lentos y somos un poco reiterativos; me gusta lo de redefinirse y multiplicarse, así que seguimos la progresión, el 2do. año (¡es aún una criatura, débil e insegura!). (– Retiro lo de ciclo, gracias por la corrección).
    lo de la vocación de estudiar, a mí me resulta misteriosa, no sé si es buena, puede que sea heroica pero en este país, vivir y sus expresiones parecen requerir algo de heroísmo. Ahora, cuando vos decís que hay algo más, hay una cosa que es cierta y otra que un poco menos. La “fertilización cruzada” está puesta a prueba: entre la vanidad y la utilidad: un beneficio meramente subjetivo o un aporte real, de ensanchamiento de horizonte, de afinamiento de percepciones, de crecimiento personal; en fin, que desde este punto de vista, una pieza de flores que se hacen humo, ni se va del todo y sigue siendo alternativa (si desde el punto de vista de la voluntad de estudiar, el taller aporta menos que mi casa, yo me quedo en casa y buscaré por otro lado). No se trata de juntar gente, pese a las evidencias volcadas en mails o de frente: para eso organizamos una murga u ofrecemos un producto digerido acorde a la moda entregando certificaditos y nos hacemos de un “público” que suma. Rescato la voluntad de estudiar sobre el afán de ser convocantes. De hecho, este libro que con excelente intuición describís, una morfología del poder actual que lleva implícita una acción en la realidad, que es una muestra de la intervención del pensamiento en lo que es solamente efectivo, este libro, por razones que haría falta considerar, no ha provocado debates, ni polémica, ni ha actuado a su nivel… no resulta convocante (why?), ni lo escogimos para que lo sea (aunque nos interesa difundirlo), sino porque le da una dirección a esa voluntad de estudiar, esa vocación de aprender, no para saber más, sino para elaborar otras vías de ejecución. Y todos esos sentidos que hay que “inventar” constituyen el fin para el que el estudio es un medio, querría ser mucho más fino y abundante en esto, lo intentaré en breve, se trata (ni más ni menos) que de una forma artística inscrita en la lectura, la elaboración (progresiva) de una modalidad de leer.
    Bueno, respecto a la posición del taller y el argumento curricular del Gil: ¡tiene razón! o esa es la idea, porque se trata de “vincularse internamente”, es una posición bastante divertida, porque vamos ahí adentro un sábado a la tarde y con eso ya está planteado (para plantearse) el problema que en definitiva es político, de qué es la universidad (o qué es lo que puede). Tiene toda la razón ileana, la universidad no es un universal y cada generación ha tenido su universidad que es la que “supo conseguir”. Cuando nosotros nos interrogamos por la nuestra, tenemos que saber que no es la de siempre, que no es la misma que todas, que es la que entramos y tiene su historia y sus históricos y que no posee más realidad que lo que hacen los que están ahí adentro.

  10. mariano Dice:

    pero! me olvidé de esto, lo del pensamiento y la práctica o la teoría y la práctica y los vicios (de pensamento). Me parece lindo lo que señalás, releí el texto reemplazando teoría por pensamiento y le queda bien en muchos lados. Yo también toco de oído, pero me parece que la distinción teoría y práctica es una distinción del pensamiento y que éste viene asumir su derecho a repensarla, estableciendo otros vínculos, deshacer ese intento de oposición entre uno y otro, estrechando sus relaciones. Pensamiento y práctica y pensamiento y teoría “Pensamiento y práctica” solamente me da la sensación de que vendrían de lados distintos, el pensamiento que sería anterior o posterior a la práctica, pero está integrado, ya forma parte, y cuando menos lo parece, más se debería esforzar en captar el sentido en qué es parte. Parece que la integración entre pensamiento y teoría está más sobreentendida, pero es fácil imaginar teorías en las que el pensamiento es atrapado y disecado, un fósil de lo que fue un pensamiento y un automatismo de su ejercicio, contra esos riesgos es que es necesario ir más allá en la distinción teoría-práctica.

  11. mariano Dice:

    La recurricularidad es todo lo que se puede hacer, y de hecho se hace, dentro de la universidad y sin reconocimiento curricular: clases de teatro, cursos de idioma, clases de tango, encuentros de lectura, etc., todo un conjunto de actividades que en el ‘ejercicio de la profesión’ son la diferencia (una definición un poco bárbara). Bueno, eso lo encontrábamos en el 2003 ó 2004; en el 2007, aunque no hice recorridos exhaustivos no vimos nada de eso, en nuestro horario. Sólo las agrupaciones políticas se reúnen a decidir cómo actuar para imponer sus pretensiones en la curricula y hacen carteles y toman mate y aprenden a funcionar como mafia, aunque su potencia de acción sigue siendo ínfima. Igual es bastante dañina, aunque sea por “llenar el espacio”, que tenemos previsto para otra cosa, el “público” de la universidad. Otra forma de hacer política es lo que queremos aprender, nuevas astucias, pensar otras relaciones, aplicaciones e implicaciones para el poder. La cuestión es por qué dejar que “nuestra universidad” sea lo que es.

  12. mariano Dice:

    Hubo elecciones, me di de candidato, perdimos. Por dos votos, apenas. Dimos un susto al menos. Me presente en una lista como graduado para el departamental de filosofía. Tengo un par de cosas claras al respecto, y después montones de delirios y proyectos imposibles a los que me tomo muy en serio como si desandara un proceso en camino a su realización. Dos cosas claras: como espacio político es media galletita de agua (se ve enorme zapatilla en las manos de otro…), que el hambre no robe el sueño: el departamento tiene valor como “lugar” académico: hay que cambiar el punto de vista: ¿qué lo favorece?, es una pregunta y a la vez un criterio de pertinencia: no ha de ocuparse de otro tipo de cosas. Desde el departamental no se resuelve el mundo, pero se puede organizar y gestionar una carrera. Es un lugar administrativo, funciona si no se nota, es decir, si hay una carrera funcionando.
    Segundo, ya les digo, tengo mis delirios, mis proyectos y hasta algunas cuestiones puntuales, concretas, de las que me hago responsable de hacer y sostener hasta su cumplimiento, etc. Pero no se trata jamás de imponer lo mío, de creer tener yo el plan previo e ir tirándolo de a poco a quienes solamente me siguen. Esto segundo que tengo claro es que hay que abrirse, considerar la facultad como el espacio de posibilidad que te habilita a que vos alcances, no la que se encierra en nichos protegiendo ¿su “quintita” le llaman?, su tumba, si de hecho no crece nada. Arrasan con la “universidad pública” y a nadie parece importarle. Es curioso. Algunos están cansados, algunos se han vuelto resentidos, muchos nunca todavía ni siquiera lo han pensado, otros se han vuelto locos, otros se han perdido, hay quienes miran azorados, hay quienes también entienden, en fin, hay de todo, pero estamos como estamos. Yo estoy entre resentido y azorado, aunque ninguna de las dos cosas ha llegado a ser preponderante. Volvamos: “abrir la facultad”, ya eso es mucho, en primer lugar, armarla. ése como objetivo inicial, que exista, si no la navaja no va abrirla, va a hacerla volar. Que exista y abrirla, a las otros departamentos, a las otras facultades, a las otras universidades, a los colegios, a su comunidad de pertenencia. Una facultad que exista y una facultad abierta no se hace en un paso: no alcanza con decir: “nosotros queremos, nosotros exigimos”, hay que hacerlo, pero para eso antes hay que permitirlo, y ahí hay un tema: porque se ha instalado en la facultad una máquina de impedir, un aparato que captura las iniciativas y las selecciona; una máquina de conspirar, un aparato que hostiga a los sindicados culpables, un aparato policíaco que vigila y castiga en nombre de la moral y la izquierda. Eso traba ¿necesitamos la sopapa? por supuesto! Pero con respecto a esta gente, por llamarlos de alguna manera (aunque son burros ignorantes y seres embrutecidos), respecto a este grupo y en general, respecto a estas pretensiones, es mucho más sencillo: sin necesidad de sofisticadas herramientas, les decís: callate nene, que estamos trabajando! y se acabó

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