Acerca de la primera parte: ética-tragedia

By laempresadevivir

Ileana Fayó

Tomás Abraham señala una transformación y dos quiebres históricos, bien distintos, pero que convergen. Desde entonces, la historia ya no será la misma ¿será historia o su fin? Se refiere a nivel internacional a la caída del Muro de Berlín, que representa para este autor, el fin del sueño de la igualdad, antes que la muerte de Marx – dice- la de Rousseau. Nacionalmente, la tablada, la chispa que representa el derrumbe del alfonsinismo y, con él, del sueño de la libertad.

Toda muerte es traumática. Cuando los hombres se juntan para una celebración de este tipo, sin embargo, se liberan nuevas fuerzas, la laceración es liberadora, dice Bataille. La pérdida supone otras pérdidas. No seamos cínicos, o sí, pero yo voy a disimularlo. ¡Cómo no haber sufrido con estas pérdidas! Pensémoslo, en base a lo que dice Abraham. Argentina, traumatizada por el horror y el dolor, angustiada por la culpa, una sociedad mutilada, geronte (habían sido asesinadas dos generaciones), sus verdugos parecían perpetuarse, una sociedad incapaz para hacer política y para hacer la guerra, solo sabíamos jugar al fútbol y haciendo trampa. Aparece un sueño, se revive la esperanza, que hacen más llevaderos los duelos, las tristezas y los odios; se encuentra el problema: la represión, los golpes de estado, la complicidad civil y política, y una solución: la democracia. Volver a ser libres. En el año 1989 todo se derrumba. Abraham marca en ese momento el ingreso de la Argentina a la racionalidad económica. Es cierto que esto no es nuevo, que en realidad, la cuestión central es que a partir de la década del 90´ toma dimensiones hegemónicas en otros campos que no son, como dice él, exclusivamente en relación a la producción de riquezas, como fue pensado por los proyectos modernizadores en la segunda mitad del siglo XX en la Argentina. Este capital benefactor fue promocionado en nuestro país desde mucho tiempo antes, con más o menos éxito, pero sin duda el bloqueo efectuado por las políticas de amigos y enemigos, que no lograron estabilizar a ningún gobierno en el poder, no fue un marco que pudiera propiciar el desarrollo de estas fuerzas, ni de otras. Estas nuevas modalidades del poder económico se expresan en el proceso de descolonización, a partir de los cuales se observa el derrumbe ya no de los imperios marítimos (Portugal y España), sino del control formal de los territorios imperialistas por vías acordadas a través de la consolidación de Repúblicas (Gran Bretaña y Francia) y de auge de los dos titanes que dominarán el mundo después de la segunda guerra hasta 1989, Estados Unidos y la Unión Soviética; sin embargo, ya desde 1973 se observa un nuevo tipo de dominación sustentado en los capitales financieros y la injerencia económica de las potencias en las antiguas zonas de colonización, volviendo a las mismas de posesiones formales a mercados. Estos procesos no se dieron sin luchas, guerras y enfrentamientos que, usualmente, estuvieron ligados a movimientos nacionalistas, religiosos o ideológicamente asociados al socialismo, o todo junto. Argentina no fue entonces un mercado estable en el que fuera seguro invertir. En parte, el destino de América Latina no fue diferente a Asia y África, pero en el caso de nuestro país a pesar de no haber sido nunca una colonia formal, aunque si fue económicamente débil por su casi unilateral relación económica con Gran Bretaña durante la primera mitad del siglo XX, incluso muy a pesar de haber experimentado cierta autonomía y desarrollo interno en el contexto excepcional de la guerra, luego de servirse también de los beneficios generados por el proceso de desarrollo económico natural iniciado en la década del 1880. Pero el munco se complejizó, durante la segunda mitad del siglo XX la presencia de Estados Unidos fue insoslayable, con su ímpetu modernizador, sus modelos televisivos, culturales e industriales, sus empréstitos en dinero, no solo para financiar industrias y la explotación de recursos como el petróleo, sino también los golpes militares. 1973, fecha también señalada por Abraham, es el momento de crisis de la edad de oro del capitalismo, de un desarrollo sostenido, del pleno empleo, de las industrias de masas, de la liberalización, de las ideas románticas, de la revolución cultural, de la movilidad social para los países ricos, del estado keynesiano; y por otro lado, el fin de las guerras ante la resistencia de todos aquellos que fueron por ese entonces víctimas del poder, luchas políticas y civiles de: los negros, las mujeres, los pacifistas, los trabajadores, los condenados de la tierra (descolonizados), los jóvenes, los intelectuales críticos, entre los más visibles. Pero se inician nuevas guerras, las guerras por el petróleo y una nueva configuración del mundo irá emergiendo. El desarrollo de una economía internacional se convertía en posibilidad sustitutiva de la presencia física de las naciones (y ya ni siquiera de las naciones, sino de organismos financieros internacionales) más allá de sus fronteras. Irrumpe el denominado neoliberalismo.

Junto con esa irrupción, decíamos que hacia 1989 la Argentina se resintió por la frustración de una posibilidad de redimir a través de la democracia alfonsinista lo que se tendría que haber hecho antes para que no hubiera pasado lo que pasó. Menem invocó una y otra vez el olvido, emerge lo que Horacio Tarcus llamó la extorsión democrática. Pero también se perdió una posibilidad de justicia, una manera de entender lo que había pasado, una lógica acerca de las responsabilidades, una justificación a partir de victimizar/culpabilizar a algunos sectores, ciertos ideales románticos, héroes, ciertas palabras, organizaciones, etc… (No todo por supuesto, siempre algo queda). Abraham señala que esto fue agravado por el contexto internacional, ya que la caída del Muro de Berlín supuso otra pérdida, una que afectó al mundo entero: la de las ideologías del progreso, que indicaban el camino a seguir, las tranquilizaciones, las fórmulas de cómo conseguirlo, un tiempo para la historia y un hombre y una sociedad mejor. Así emerge una nueva concepción del tiempo dice el autor, diaspórico, incontrolable, indefinido, disperso. Una nueva concepción también del espacio. El mundo ya no se encuentra dividido en dos bloques, sino en alianzas inestables y discontinuas, móviles, inidentificables, que se agrupan de forma temporal, desplazándose igualmente hacia el mundo asiático y oriental los centros de interés, y que supone también una nueva concepción de la historia, Abraham dice, el fin de la historia. Este fin no se refiere a la teoría de Fucuyama para justificar el nuevo orden capitalista, sino en tanto es necesario asumir que nada de lo que sucedió en el pasado sirve para pensar, prever, calcular o sospechar lo que vendrá. En verdad lo que se leía como el triunfo del capitalismo que lo preveía eterno, para Abraham, es un desplazamiento de dónde se discute acerca de esta incertidumbre, pero fundamentalmente dónde se definen los mecanismos y modalidades del poder, para él: en la economía y en la filosofía. La primera ha introducido una racionalidad económica, la segunda, la dimensión ética.

Paralelamente se produce otra operación, relacionada con la anterior, que es la forma de entender, pensar e institucionalizar la política, que pretendía corregir todas aquellas acciones que desnudaban la hipocresía de las formas de representación y gobernabilidad puestas en crisis. Todo esto, unos y otros, han quedado diluidos bajo la égida del poder económico. Pero en realidad, más difusamente, se produjo para el autor una modificación en el espacio político, a partir de la pérdida de valor de la palabra y los discursos de los políticos, crisis de representación o, según Abraham, la muerte de la política, de su palabra y de su voluntad. En ese contexto la racionalidad económica supone una estructura trágica, asume que tenemos un lugar y un destino sobre el que no decidimos, ante el que no podemos hacer nada, ante el cual es inútil rebelarse, como un una suerte de dios sin nombre, ajeno, inalcanzable, que crea leyes, produce verdades, que incluye y excluye, y lo que excluye (ya no con criterios étnicos o sociales) ingresa en las zonas marginales y se diluye, se opaca, queda relegado a las sombras, sin morir del todo; pero lo que incluye queda gravado por la fatalidad, bajo el peso de las cosas, del “así y no de otro modo” y del funcionamiento metonímico. Quizás a Abraham se le dio por matar a una intocable, sin embargo, se adelanta a las susceptibilidades, en tanto dirá que lo que ha muerto es, ante todo, una forma de pensamiento que suponía la posibilidad de cierta autonomía grupal para la comunidad, en cuanto a sus deseos, de organización, representación y liderazgos. Pareciera que se trataría de un fracaso, pero no es así, esto no es producto de una desilusión o una derrota, sino de una metamorfosis que se vuelve trágica, dado que al momento de ubicar o identificar causas, lógicas, estructuras o un espacio de poder, se abre una infinidad de espacios que diluyen la distancia temporal y la línea de rastreo, el poder se desvanece, se escapa y se pierde. Justamente tras la muerte de la política fueron liberados los pedidos de ética, pero ya no como en la década del 80´ respecto a los derechos humanos, civiles y para oponer la democracia al autoritarismo, sino que atraviesan al espacio económico, y que Abraham agrupa en tres lenguajes: estado, trabajo y empresa. Es en ese mecanismo, que asume un destino y que se propone como universal en su ideología, en la configuración de esa ética, donde se fraguan de forma más sutil los valores.
Quizás a partir de aquí se define lo importante, Lo importante, lo que nos incumbe hoy, como a Abraham, abrirnos paso de la membrana del poder y sus funcionamientos y discursos legitimadores. Todo para pensar si la política es posible en este mundo.

6 comentarios para “Acerca de la primera parte: ética-tragedia”

  1. laempresadevivir Dice:

    Quería agregar dos cosas a lo que se lee anteriormente. Por un lado, adelantarme a explicarles que es el resultado de una experiencia de lectura de La Empresa de Vivir que elaboré en el marco del taller y que volqué en un pequeño comentario, pero tiene la limitación de que no he terminado de leer el libro. Digamos que es una suerte de reflexión personal en voz alta de la lectura del prólogo y la primera parte del libro. La segunda cuestión es que está ahí para adelantarme a algunos debates que quizás se den más adelante, pero que podemos empezar a ensayar en estos comentarios. El texto tiene grietas, justamente por ellas quizá se filtre la posibilidad de profundizar algunas cuestiones.
    Ile

  2. mariano Dice:

    Bien Ile!!! hay muchas cosas entre lo que señalás de Abraham, tu aporte desde el conocimiento de la historia y tu propia personalidad reflexiva.
    Lo de nueva concepción del tiempo…
    Lo que decís sobre la caída del alfonsinismo es muy cierto: caímos en la comprensión (?, !, ”) de que sólo sabíamos jugar al fútbol, haciendo trampa… (la extorsión, el ‘olvido’ del resentido, ).
    Me gusta lo que decís de la estructura trágica de la racionalidad económica.
    Me gustan menos algunas cosas de la política y la historia, será cuestión como decís en este último agregado de ir proponiendo los debates, diseñando los planos para distribuir los problemas.
    Por otro lado, me parece que vas muy rápido, por ejemplo: que le llames “lectura de la primera parte”, es mucho, no leímos todo eso: presentación, Berlín y La Tablada, Empresa que todavía no escribimos, Estado que estamos leyendo y Trabajo con el que ni empezamos. Hay algo que me parece equivocado en lo que escribís: Empresa, Estado, Trabajo: fijate que ninguno de los tres son precisamente “lenguaje”, sino al contrario pertenecen a lo “no-discursivo”. ¿cómo entran en relaciones visibilidades y enunciados? desde la no relación, desde la irreductibilidad de uno a otro, es un tema interesante; habría que leer toda la arqueología del saber y el libro de Deleuze sobre Foucault.
    ¿Y qué son? (apróximadamente) La empresa, ya que no un cuerpo, un gas; el estado una meta-institución; el trabajo, como la vida y el mismo lenguaje, un “semitrascendental”. En definitiva, un lenguaje (con un doble registro dominante) y un gran problema: el del “valor de los valores”.
    Un abrazo

  3. ile Dice:

    Marian: soy poco detallista, pero es correcta tu apreciación, no es resultado de la primera parte, sino de una parte de la primera parte, en consecuencia probablemente saqué algunas conclusiones apresuradas, pero ese es el riesgo de decir algo sin haber leído todo, por primera vez, pero también toda una posibilidad para medir el aprendizaje; este es, digamos, un texto abierto, desprolijo e intuitivo, porque probablemente en 3 0 4 encuentros más del taller piense otra cosa; Eso es alentador! Respecto a lo de los tres lenguajes sinceramente no se de dónde lo saqué, jejeje! No es una respuesta muy seria la mía, pero es así. Esta bien lo que me decís, como señalás es un tema interesante, pero acerca del que se muy poco. Igual después exponé sobre las otras cuestiones con las que no estás de acuerdo, así, además participan el resto, y la seguimos en el taller. Abrazo a todos…

  4. laempresadevivir Dice:

    Los detalles, Ile, los detalles es lo (único) importante. Ahora que releo me doy cuenta que lo que más me gustaría es fortalecer las “armas” para abordar y bordar detalles. Las “otras cuestiones”, me es difícil exponerlas, tiene que ver con lo que te decía de que vas muy rápido y que tendría que estar el mapa para distribuir problemas. ¿Por qué? porque leo y veo todo muy ligado, como que se tratara de una concatenación hasta llegar a ser todo un movimiento y me parece que ahí domina como una lógica continua, una explicación coherente; pero la gestación de todo esto no pasa en los niveles que lo estás describiendo, ésa es mi sensación, p.e., no es que se complejizó el mundo, que ahora todo es más complicado y antes era algo más simple; se transformó, es otra cosa, y hay que hallarlo, y sobre todo hay que aprender a vivir en él y resistir a él, no negándolo ya sea en la forma del total desprecio o en la forma un poco más refinada y más insidiosa por eso, de servir al ideal de un mundo mejor.
    Ahora, dos cosas más: una frase que me disgustó: “se perdió una posibilidad de justicia, una manera de entender lo que había pasado, una lógica acerca de las responsabilidades, una justificación a partir de victimizar/culpabilizar a algunos sectores, ciertos ideales románticos, héroes, ciertas palabras, organizaciones, etc”, bueno… no toda, pero “una posiblidad de justicia” ¿qué quiere decir eso? ¿juicio y castigo? eso es administración únicamente, nada que ver justicia. “Justicia es que no haya pasado” (no que no exista el pasado sino que esos hechos no hubieran jamás ocurrido) lo que es directamente imposible y en consecuencia no nos perdimos nada porque ninguna posibilidad de justicia había. Lo más cercano a la justicia es crear las condiciones para que no se repita pero eso tampoco lo perdimos, aunque claramente no lo alcanzamos, -muta y reaparece, distinto y el mismo- En realidad, no entiendo ese inventario de pérdidas ¿qué significa que se perdió una lógica de atribución de responsabilidades? ¿que querés decir con que perdimos una justificación de victimizar-culpabilizar…? Bueno, una frase que me disgusta. No es todo, una segunda cosa, que tal vez valga la pena tratar aparte con su propio encabezado porque tiene que ver con el libro: Te voya citar largamente. “Abraham dice, el fin de la historia. (OK) Este fin no se refiere a la teoría de Fucuyama para justificar el nuevo orden capitalista, sino en tanto es necesario asumir que nada de lo que sucedió en el pasado sirve para pensar, prever, calcular o sospechar lo que vendrá. (Pefecto) En verdad lo que se leía como el triunfo del capitalismo que lo preveía eterno, para Abraham, es un desplazamiento de dónde se discute acerca de esta incertidumbre (?), pero fundamentalmente dónde se definen (?) los mecanismos y modalidades del poder, para él: en la economía y en la filosofía. La primera ha introducido una racionalidad económica, la segunda, la dimensión ética (creo que esto da para hacer alguna cosa un poco más elaborada, lo merece, aunque tendríamos que avanzar en la lectura, por ahora no me se me ocurre más que hacer vacilar un poco esa estructura tan dura en que la encajaste, porque no es la economía la que introduce la racionalidad económica, en todo caso es una forma de racionalidad en la que es preponderante un tipo de configuración de orden económico. Tiene que ver con la otra operación que señalás en seguida, pero no es otra relacionada; es una aplicación de ésa misma. Y tampoco la filosofía introduce la ética, dice que la filosofía no penetra como racionalidad sino como espiritualidad y cuando habla de filosofía habla de una rama de la filosofía, ahí sí, la ética. Disculpá tanto embrollo, yo no tengo las cosas más claras, insisto con lo que decía al principio de encarar a los detalles. Sigo un cachito) Paralelamente se produce otra operación, relacionada con la anterior (bueno, eh…), que es la forma de entender, pensar e institucionalizar la política, que pretendía corregir todas aquellas acciones que desnudaban la hipocresía de las formas de representación y gobernabilidad puestas en crisis (Sí). Todo esto, unos y otros, han quedado diluidos (¡Bien!) bajo la égida del poder económico” (ahí está; creo que es un desliz equivocado mencionar el “poder económico” y en todo caso puede servir para intentar otra dirección. Deberías repetir “racionalidad económica”, que es la que ha hecho perder sentido a la acción gubernamental política y junto a ella también a las que pretendían enfrentarla/resistirle. Como vos decís ahí: otra forma de entender de pensar de institucionalizar, Lo curioso o destacado es que el poder económico no es sólo económico, se arroga también el diseño del espacio público. Mirá el ejemplo de Soros, ¿y en nombre de qué? bueno, no sé si me seguís, decime (lo que quieras), pero ahí ves cómo asoma lo que Tomás llama su “estructura trágica” y que caracterizás muy bien aquí: “En ese contexto la racionalidad económica supone una estructura trágica, asume que tenemos un lugar y un destino sobre el que no decidimos, ante el que no podemos hacer nada, ante el cual es inútil rebelarse, como un una suerte de dios sin nombre, ajeno, inalcanzable, que crea leyes, produce verdades, que incluye y excluye, y lo que excluye (ya no con criterios étnicos o sociales) ingresa en las zonas marginales y se diluye, se opaca, queda relegado a las sombras, sin morir del todo; pero lo que incluye queda gravado por la fatalidad, bajo el peso de las cosas, del “así y no de otro modo” y del funcionamiento metonímico”. )
    Fin por ahora. Me zarpé? Hay algo?
    Con cariño
    Mariano

  5. Ile Dice:

    Mariano:Me gustaron mucho tus apreciaciones. Siento verdaderamente que estoy tratando de ejercitar de otra manera el pensamiento, por ello, quizás, los pasos son atolondrados, también por cierto apresuramiento, ese que hace que los detalles se diluyan. Haber compartido estas elucubraciones desprolijas de mi lectura me permitió, a través de tus reflexiones Mariano, desnaturalizar algunas de mis ideas y formas de leer. Me gustaría compartir algo de esto. La primera es cierta ideas de progreso que implica hablar de la “complejización del mundo” en relación a los dilemas que nos presenta, y que se reproduce muchísimo en el relato histórico en el que estoy más interiorizada, a lo que vos le opones la idea de “transformación”, que parece más apropiada. Esto lo señaló Abraham en su conferencia también respecto a cómo se percibe el conocimiento en la historia, mientras que en la filosofía no hay acumulación de conocimiento, decía, en la historia no solo no se actualizan los sentidos (es decir, se reproducen los sentidos del pasado) sino que se homologan procesos históricos, a veces de forma esencialista. Prometo para la próxima reunión llevar el artículo de R. Castell en el que debate con los historiadores al respecto de una historia no evolucionista. Otra cuestión que empecé a pensar fue la de la posibilidad de justicia, ante algunas lecturas y charlas posteriores a este resumen, por las que me interioricé sobre los planteos de su imposibilidad. Debería haberlo corregido, pero, quizás también reproduje un sentido del pasado al creer entender que para ese entonces los juicios a la junta, por ejemplo, eran percibidos como un acto de justicia respecto a lo que había pasado y que, el proceso posterior,aún en su versión administrativa, desmintió; asimismo, algo de ello fue como dice Pilar Calveiro un triunfo de la memoria sobre el olvido. Con pérdidas quizás me refería a ciertas explicaciones acerca de lo que había sucedido que fueron cuestionadas y a partir de lo cual se abrieron otros debates respecto de esos relatos fijados. En relación a las matizaciones sobre la racionalidad y la espiritualidad, sigo reclamando cierta profundización acerca de qué se trata bien cada una, porque no lo tengo muy en claro. Tuve un mayor acercamiento con la espiritualidad porque Abraham viene insistiendo en el asunto y se refirió a ella en la conferencia, pero no tanto respecto a la racionalidad. Eso da para charlarlo en el Taller, creo que es importante para entender más en profundidad su análisis. En fin, solo esto se me ocurre ahora, seguro algo más irá surgiendo, aprecio este diálogo, y sigamos sopapeando…

  6. laempresadevivir Dice:

    ¡Hola Ile, genial, feliz cumple y todo! Bien, me interesa eso de Castel de la historia no evolucionista, a la foucaultiana. Foucault utiliza materiales y técnicas de historiador, pero no para hacer historia, sino “periodizaciones” (cfr. VS), la temporalidad de las cosas que para nada puede unificarse, la idea esa de cruces estratégicos. Se me ocurre que “la Historia” eso no tiene significado; siempre es historias –en plural– lo único que puede contarse, lo otro es nada más que una intención de legitimar. La pregunta respecto de la historia es ¿a quién le sirve?
    Por lo del taller, creo que vamos a llegar a comprender lo de la racionalidad, hay que entrenarse también en una ‘suspensión del (pre)juicio’, ir apresando lo que está vinculado a ella. De alguna manera, yo no sé si esto correcto pero por ahora insisto, la noción de racionalidad y su despliegue económico que se vincula a una expresión que es la filosofía (y ¿qué es la filosofía?) es el problema de todo el libro, tiene muchas caras, es un conjunto de conductas, valores, percepciones que integran juegos de lenguaje y formas de vida; algo complejo que requiere, pese a su aparente simplicidad (porque son dos palabritas muy usuales: racionalidad económica), un análisis cuyo precipitado es no menos que todo el libro.
    Bueno, el sábado nos vemos para seguir con nuestros ejercicios,
    Saludos al che orlando que nos ha descubierto…

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