Mariano Iriart
La verdad markética, La transvaloración, Supervivencia. Son los tres títulos de la primera parte “Ética-Tragedia”. Si se fijan es la parte más larga del libro y la bibliografía consultada es un tercio del total, el doble más o menos de cada una de las otras partes. Algunos datos cuantitativos, pero que hacen pensar que esta parte es todo un libro (¿cuál libro? El libro de los libros: La genealogía de la moral) ((no quiero irme por las ramas, pero ‘no va a entrar’ quien no tenga idea sobre la genealogía; además “Nietzsche, la genealogía, la historia” de Foucault)). (((Lo que quiero decir es que no hay que desesperar si no se capta el sentido total de una; en lugar de desesperar y culparse o echar culpas – que para el caso es lo mismo, habría que pensar que ese sentido no es hallable, no está, hay que hacerlo; y para hacerlo no se trata de comerse todo el libro, ni todos los libros, ni siquiera el libro de todos los libros, sino de ponerse a practicar lo que se acaba de aprender, aplicar-se. Se trata no tanto de terminar de entender de una vez por todas, como de recoger en todo eso que esta dicho algo que interese e ir despiezando esta obra que es muy compleja por sí misma y por su background. Qué le vas a hacer, las cosas buenas son así: exigentes a la vez; ya se los dije el primer encuentro: empezamos por acá, por la empresa de vivir, por empezar por alguna parte y tener una guía que nos permita avanzar; podríamos haber empezado por Mil mesetas, pero obviamente la empatía de comprender se nos hubiera resentido aún más)))
La verdad markética
Mencionamos ya que este texto era la bibliografía de un seminario de postgrado que se llamaba “Poder y Verdad”. Este par da para mucho. En cada uno de esos términos y en la conjunción que los une se hacen posibles varios mundos. Ya hay que descartar algunos. No hablar de “el poder”, ni ser sumiso al reconocimiento de la verdad. Las realidades se hacen a partir de las relaciones de una a otro, en sus distancias y en sus relevos y en sus mutuos apoyos y socavamientos: no hay poder sin verdad, ni verdad sin poder y sí verdad del poder y poder de la verdad, etc. Aunque de ningún modo son entidades originarias, sino más bien principios de ordenamiento, condiciones de sujeción: relaciones de poder, juegos de verdad…
Todo esto es muy complicado, pero arrancamos y leemos: “La verdad…” con un atributo. Y bueno: el análisis de los dispositivos en el que el poder se manifiesta comienza enunciando su forma de inteligibilidad. Para tratar de explicar esto lo comparo con otro título: “La verdad y las formas jurídicas” es el nombre de un curso que dicta Foucault en Río de Janeiro en 1972, muy conocido. Los dos empiezan con esa palabrita tan difícil de sondear, “la verdad”, y a continuación algo que la limita o califica o algo que le incumbe qué se yo. Lo que me atrevo a intuir es, de uno a otro título, un cambio de “formas”: de “jurídica” a otra cosa, la conjunción de “mercado y ética”. Otra formación, otra formalización, otra forma final para la verdad. Y también un paso entre lo que dejábamos de ser, lo que ya no somos y lo que se ha instalado finalmente: La verdad sujeta a un nuevo régimen; se han transformado las reglas a partir de las que se desarrolla el juego; nueva economía de la verdad.
Yo adoro la conjunción, creo que es el mejor invento del intelecto: une y a la vez separa… cualquier cosa!!!; fíjense estas conjunciones: Poder y verdad, Verdad y Formas Jurídicas, y Mercado y ética. Casi podría hacerse una escalerita, pasar de una a la siguiente en un orden de determinación creciente; en la markética encontramos una meseta y empezamos a elaborar la grilla, su plano…
Foucault muestra cómo la verdad está cada vez menos ligada a las formas jurídicas incluso en un ámbito privilegiadamente jurídico como es el del derecho penal. Muestra cómo el juez lo que hace es cada vez menos aplicar las reglas propias del derecho que le permitirían establecer la verdad respecto de un hecho, para enunciar – y ahí tienen que ver uno cómo se introduce el “saber psiquiátrico” – la verdad respecto de un sujeto. El juez ya hace otra cosa que juzgar conforme a derecho. Ahí tenemos un caso en que la conjunción separa.
En la expresión “la verdad markética” la conjunción está elidida en todas partes. Podría servir para un ejemplo de una conjunción que une: “la verdad y (el mercado y la ética)”, las nuevas “formas” que convienen a la verdad. Se enuncia respecto de un sujeto que no es el individuo, sino el capital, y establece para la vida humana el bien que depende de ser exitoso y rico.