Posdata sobre las sociedades de control

By laempresadevivir

Gilles Deleuze.

I. HISTORIA

Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“acá ya no estás en tu casa”), después el cuartel (“acá ya no estás en la escuela”), después la fábrica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. Es la prisión la que sirve de modelo analógico: la heroína de Europa 51 puede exclamar, cuando ve a unos obreros: “me pareció ver a unos condenados…”. Foucault analizó muy bien el proyecto ideal de los lugares de encierro, particularmente visible en la fábrica: concentrar, repartir en el espacio, ordenar en el tiempo, componer en el espacio-tiempo una fuerza productiva cuyo efecto debe ser superior a la suma de las fuerzas elementales. Pero lo que Foucault también sabía era la brevedad del modelo: sucedía a las sociedades de soberanía, cuyo objetivo y funciones eran muy otros (recaudar más que organizar la producción, decidir la muerte más que administrar la vida); la transición se hizo progresivamente, y Napoleón parecía operar la gran conversión de una sociedad a otra. Pero las disciplinas a su vez sufrirían una crisis, en beneficio de nuevas fuerzas que se irían instalando lentamente, y que se precipitarían tras la segunda guerra mundial: las sociedades disciplinarias eran lo que ya no éramos, lo que dejábamos de ser.

Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital, fábrica, escuela, familia. La familia es un “interior” en crisis como todos los interiores, escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias. Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o menos corto plazo. Sólo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Son las sociedades de control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias.

“Control” es el nombre que Burroughs propone para designar al nuevo monstruo, y que Foucault reconocía como nuestro futuro próximo. Paul Virilio no deja de analizar las formas ultrarrápidas de control al aire libre, que reemplazan a las viejas disciplinas que operan en la duración de un sistema cerrado. No se trata de invocar las producciones farmacéuticas extraordinarias, las formaciones nucleares, las manipulaciones genéticas, aunque estén destinadas a intervenir en el nuevo proceso. No se trata de preguntar cuál régimen es más duro, o más tolerable, ya que en cada uno de ellos se enfrentan las liberaciones y las servidumbres. Por ejemplo, en la crisis del hospital como lugar de encierro, la sectorización, los hospitales de día, la atención a domicilio pudieron marcar al principio nuevas libertades, pero participan también de mecanismos de control que rivalizan con los más duros encierros. No se trata de temer o de esperar, sino de buscar nuevas armas.

II. LÓGICA

Los diferentes internados o espacios de encierro por los cuales pasa el individuo son variables independientes: se supone que uno empieza desde cero cada vez, y el lenguaje común de todos esos lugares existe, pero es analógico. Mientras que los diferentes aparatos de control son variaciones inseparables, que forman un sistema de geometría variable cuyo lenguaje es numérico (lo cual no necesariamente significa binario). Los encierros son moldes, módulos distintos, pero los controles son modulaciones, como un molde autodeformante que cambiaría continuamente, de un momento al otro, o como un tamiz cuya malla cambiaría de un punto al otro. Esto se ve bien en la cuestión de los salarios: la fábrica era un cuerpo que llevaba a sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios; pero, en una sociedad de control, la empresa ha reemplazado a la fábrica, y la empresa es un alma, un gas. Sin duda la fábrica ya conocía el sistema de primas, pero la empresa se esfuerza más profundamente por imponer una modulación de cada salario, en estados de perpetua metastabilidad que pasan por desafíos, concursos y coloquios extremadamente cómicos. Si los juegos televisados más idiotas tienen tanto éxito es porque expresan adecuadamente la situación de empresa. La fábrica constituía a los individuos en cuerpos, por la doble ventaja del patrón que vigilaba a cada elemento en la masa, y de los sindicatos que movilizaban una masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo. El principio modular del “salario al mérito” no ha dejado de tentar a la propia educación nacional: en efecto, así como la empresa reemplaza a la fábrica, la formación permanente tiende a reemplazar a la escuela, y la evaluación continua al examen. Lo cual constituye el medio más seguro para librar la escuela a la empresa.

En las sociedades de disciplina siempre se estaba empezando de nuevo (de la escuela al cuartel, del cuartel a la fábrica), mientras que en las sociedades de control nunca se termina nada: la empresa, la formación, el servicio son los estados metastables y coexistentes de una misma modulación, como un deformador universal. Kafka, que se instalaba ya en la bisagra entre ambos tipos de sociedad, describió en El Proceso las formas jurídicas más temibles: el sobreseimiento aparente de las sociedades disciplinarias (entre dos encierros), la moratoria ilimitada de las sociedades de control (en variación continua), son dos modos de vida jurídica muy diferentes, y si nuestro derecho está dubitativo, en su propia crisis, es porque estamos dejando uno de ellos para entrar en el otro. Las sociedades disciplinarias tienen dos polos: la firma, que indica el individuo, y el número de matrícula, que indica su posición en una masa. Porque las disciplinas nunca vieron incompatibilidad entre ambos, y porque el poder es al mismo tiempo masificador e individualizador, es decir que constituye en cuerpo a aquellos sobre los que se ejerce, y moldea la individualidad de cada miembro del cuerpo (Foucault veía el origen de esa doble preocupación en el poder pastoral del sacerdote -el rebaño y cada uno de los animales- pero el poder civil se haría, a su vez, “pastor” laico, con otros medios). En las sociedades de control, por el contrario, lo esencial no es ya una firma ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseña, mientras que las sociedades disciplinarias son reglamentadas por consignas (tanto desde el punto de vista de la integración como desde el de la resistencia). El lenguaje numérico del control está hecho de cifras, que marcan el acceso a la información, o el rechazo. Ya no nos encontramos ante el par masa-individuo. Los individuos se han convertido en “dividuos”, y las masas, en muestras, datos, mercados o bancos. Tal vez sea el dinero lo que mejor expresa la diferencia entre las dos sociedades, puesto que la disciplina siempre se remitió a monedas moldeadas que encerraban oro como número patrón, mientras que el control refiere a intercambios flotantes, modulaciones que hacen intervenir como cifra un porcentaje de diferentes monedas de muestra. El viejo topo monetario es el animal de los lugares de encierro, pero la serpiente es el de las sociedades de control. Hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente, en el régimen en el que vivimos, pero también en nuestra forma de vivir y en nuestras relaciones con los demás. El hombre de las disciplinas era un productor discontinuo de energía, pero el hombre del control es más bien ondulatorio, en órbita sobre un haz continuo. Por todas partes, el surf ha reemplazado a los viejos deportes.

Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas y utilizarlas. Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas, poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje; las sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería o la introducción de virus. Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún, una mutación del capitalismo. Una mutación ya bien conocida, que puede resumirse así: el capitalismo del siglo XIX es de concentración, para la producción, y de propiedad. Erige pues la fábrica en lugar de encierro, siendo el capitalista el dueño de los medios de producción, pero también eventualmente propietario de otros lugares concebidos por analogía (la casa familiar del obrero, la escuela). En cuanto al mercado, es conquistado ya por especialización, ya por colonización, ya por baja de los costos de producción. Pero, en la situación actual, el capitalismo ya no se basa en la producción, que relega frecuentemente a la periferia del tercer mundo, incluso bajo las formas complejas del textil, la metalurgia o el petróleo. Es un capitalismo de superproducción. Ya no compra materias primas y vende productos terminados: compra productos terminados o monta piezas. Lo que quiere vender son servicios, y lo que quiere comprar son acciones. Ya no es un capitalismo para la producción, sino para el producto, es decir para la venta y para el mercado. Así, es esencialmente dispersivo, y la fábrica ha cedido su lugar a la empresa. La familia, la escuela, el ejército, la fábrica ya no son lugares analógicos distintos que convergen hacia un propietario, Estado o potencia privada, sino las figuras cifradas, deformables y transformables, de una misma empresa que sólo tiene administradores. Incluso el arte ha abandonado los lugares cerrados para entrar en los circuitos abiertos de la banca. Las conquistas de mercado se hacen por temas de control y no ya por formación de disciplina, por fijación de cotizaciones más aún que por baja de costos, por transformación del producto más que por especialización de producción. El servicio de venta se ha convertido en el centro o el “alma” de la empresa. Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo. El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos. El control es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado. Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro: el control no sólo tendrá que enfrentarse con la disipación de las fronteras, sino también con las explosiones de villas-miseria y guetos.

III. PROGRAMA

No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno podía salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electrónica (dividual) que abría tal o cual barrera; pero también la tarjeta podía no ser aceptada tal día, o entre determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal.

El estudio socio-técnico de los mecanismos de control, captados en su aurora, debería ser categorial y describir lo que está instalándose en vez de los espacios de encierro disciplinarios, cuya crisis todos anuncian. Puede ser que viejos medios, tomados de las sociedades de soberanía, vuelvan a la escena, pero con las adaptaciones necesarias. Lo que importa es que estamos al principio de algo. En el régimen de prisiones: la búsqueda de penas de “sustitución”, al menos para la pequeña delincuencia, y la utilización de collares electrónicos que imponen al condenado la obligación de quedarse en su casa a determinadas horas. En el régimen de las escuelas: las formas de evaluación continua, y la acción de la formación permanente sobre la escuela, el abandono concomitante de toda investigación en la Universidad, la introducción de la “empresa” en todos los niveles de escolaridad. En el régimen de los hospitales: la nueva medicina “sin médico ni enfermo” que diferencia a los enfermos potenciales y las personas de riesgo, que no muestra, como se suele decir, un progreso hacia la individualización, sino que sustituye el cuerpo individual o numérico por la cifra de una materia “dividual” que debe ser controlada. En el régimen de la empresa: los nuevos tratamientos del dinero, los productos y los hombres, que ya no pasan por la vieja forma-fábrica. Son ejemplos bastante ligeros, pero que permitirían comprender mejor lo que se entiende por crisis de las instituciones, es decir la instalación progresiva y dispersa de un nuevo régimen de dominación. Una de las preguntas más importantes concierne a la ineptitud de los sindicatos: vinculados durante toda su historia a la lucha contra las disciplinas o en los lugares de encierro (¿podrán adaptarse o dejarán su lugar a nuevas formas de resistencia contra las sociedades de control?). ¿Podemos desde ya captar los esbozos de esas formas futuras, capaces de atacar las maravillas del marketing? Muchos jóvenes reclaman extrañamente ser “motivados”, piden más cursos, más formación permanente: a ellos corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas. Los anillos de una serpiente son aún más complicados que los agujeros de una topera.

Traducción de Martín Caparrós.

11 comentarios para “Posdata sobre las sociedades de control”

  1. mariano Dice:

    ¡Deleuze es tan apretado, tiene el poder de sintetizar tantas diversas cosas en un mínimo de espacio! En esta posdata no deja de decir algo que en realidad se ajusta muy mal al comentario por todo lo que trae involucrado y por eso también es, por su organización, un interesante aparato para ejercitar la lectura y llegar a saber cómo lo hizo.
    Dice aquí que “nuevas fuerzas están golpeando la puerta”, y creo que es eso lo que me quiere decir, en todo caso es una imagen preciosa. Hace a la historia y está llena de sensaciones y pensamientos y posiciones y presentimientos.
    Golpean a la puerta: se trata de una presencia que aún no nos ha sido presentada. Un presente inminente. Provoca un devenir animal auscultando el asecho: “¿Quién golpea la puerta?” (ile: Una señora racionalidad o un monstruo que al entrar modificará todo este orden investido). Deleuze, sin embargo, no parece sorprendido, como si las hubiera estado esperando, como si hubiera estado preparando el interior para que su recepción sea aún más imprevisible para los más desprevenidos invitados. Como si hubiera estado viéndolas acercarse, como un cazador, por la mirilla, antes de que estuvieran frente a la puerta, golpeándola, concentrado en la actitud inferida de sus movimientos, elaborando las armas, trampas, etc., para poder cazarlas.
    ‘Nuevas fuerzas’, a partir de acá, la posdata es un legado: no es poco. En ese sentido se relaciona con EV que lo recoge (disculpen la grosería).
    Además, así como hay lecturas que atacar hay otras que uno debe estar a la defensiva. Los escritores suelen ser malos tipos, a veces no te dicen las cosas muy directamente, tienden trampas a lectores incautos; yo lo veo con simpatía, es un modo de elegir el público, una prueba selectiva. Creo que al principio de este texto, cuando habla hay un ejemplo de eso. Parece que dice algo respecto de Foucault, que lo trae a colación evidentemente como “padre” de un modelo de análisis de las relaciones de poder, constitutivas de un tipo de sociedad, etc, y dice: “Foucault analizó muy bien el proyecto ideal de los espacios de encierro”. Pero esto no es Foucault y sobre todo no es lo que Deleuze piensa de Foucault que en el libro homónimo (pp.68-9) indica: “A menudo se ha hecho como si Foucault fuera ante todo el pensador del encierro. Ahora bien, esto no es así, y ése mal entendido nos impide captar su proyecto global” justo, o sea, no habla de Foucault pese a las apariencias, de lo que Foucault hizo; ese no es Foucault: no pasó que cambió de idea, o que se olvidó o que se descuidó o se confundió; digo yo, se trata de una trampa para un lector torpe, le da la apariencia de simplicidad a algo que evidentemente no ha entendido para que se aferre a eso que le impide captar en este caso aquel otro Foucault, más auténtico, en su proyecto global. En realidad, en toda esta parte Deleuze no está hablando de Foucault sino de Paul Virilio, el que ha sabido describir las formas ultrarrápidas de control en espacios abiertos. Él es quien cree que Foucault hace eso y se queja (después hay otros que felicitan a Foucault por eso, por haber sabido describir tan bien esos espacios: criminologías, pedagogías, ). Después Deleuze le dice a Virilio “pero Foucault no ha hecho otra cosa: no le interesan los espacios de encierro; el problema del filósofo es que lo que está encerrado es el afuera (Blanchot)”. Lo que divierte (no sé si es la palabra) a Deleuze y le hace decir esto y de esta manera, es este encuentro entre pensadores, incluso a pesar de los malos entendidos.

  2. Ile Dice:

    Figuras: Acerca de la metáfora de la puerta
    En el prefacio de La voluntad de poder Nietzsche escribe: Lo que cuento es la historia de los próximos dos siglos. Describe lo que sucederá, lo que no podrá suceder de otra manera: la llegada del nihilismo. E inicia el primer libro con la siguiente metáfora El nihilismo está ante la puerta: ¿de dónde nos llega este, el más inquietante de todos los huéspedes? Por curioso azar, o el homenaje a una tradición filosófica, Deleuze dirá que las disciplinas a su vez sufrirían una crisis, en beneficio de nuevas fuerzas que se irían instalando lentamente (… ) nuevas fuerzas que están golpeando la puerta.
    Parece ser que la metáfora de alguien o algo que esta en frente de una puerta es una metáfora bíblica muy conocida. Cristo usó una metáfora de él estando de pie en la puerta y llamando a las mentes y corazones de los engreídos de Laodicea. Jesús usó la metáfora de la puerta en el contexto de la necesidad urgente de sus discípulos de estar espiritualmente alerta (Marcos 13:29) ¿De amenaza? Santiago presentó a Cristo como el Juez que está de pie en la puerta (5:9). Jesús habló de sus discípulos como estar a la expectativa del amo para que ellos le pudieran abrir la puerta a él (Lucas 12:36) La metáfora también es un símbolo de promesa, dicen los cristianos. Cristo está esperando afuera, esperando a que los Laodicenses estén abiertos a su corrección y cambiarán su forma de ser. Si ellos lo hacen, él entrará y compartirá la comida con ellos (3:20).
    Dicen los mismos cristianos respecto a esta metáfora que Jesús indica, además, que esta relación de sus seguidores con él no tiene interrupción. En dos ocasiones repite: “Yo soy la puerta de las ovejas”. Por medio de esta metáfora Jesús evoca una expresión idiomática usada comúnmente entre sus oyentes. Para indicar la totalidad del tiempo, ellos dicen: “cuando entro y cuando salgo”. Si Jesús es la puerta, entonces las ovejas están permanentemente con él: “entrarán y saldrán por mí”. Con esa metáfora de la puerta, Jesús da un criterio para discernir a quién debemos escuchar: “El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas… es un ladrón y un salteador; en cambio, el que entra por la puerta es pastor de las ovejas”. Toda persona que se presente como un líder y pretenda la adhesión de la iglesia debe concordar con la palabra de Cristo y sustentar los valores que él enseñó al mundo.
    Justamente Nietzsche relaciona la llegada del nihilismo como resultado de la decadencia del cristianismo. Deleuze anuncia entonces ahora la llegada de nuevas fuerzas detrás de esas puertas, por las que el poder parece anunciarse, con sus promesas, con su autoridad, para nuestra corrección, arrepentimiento y modificación de nuestras formas de ser. Define quienes entran y quienes quedan afuera, que se debe escuchar, los valores, los líderes… Por ello Deleuze nos invita a preguntarnos ¿A qué se nos convoca? Ni el nihilismo, ni estas nuevas fuerzas son resultados de las crisis sociales, como tiende a pensar ciertas lecturas más lineales, aunque aparentemente la crisis de las sociedades disciplinarias, sirven de telón ante la dificultad de pensar, de percibir, a este huésped que espera tras el umbral y que aún no se ha anunciado, pero que se instala lentamente. Las puertas ya no son lo mismo en nuestros tiempos. Gonzalo Abril, en una revista titulada Occidente planteará la imagen sugestiva de la puerta y portales para referirse al espacio virtual. Los portales son los lugares de acceso a la gran red, que constituye una verdadera telépolis, cada uno de ellos se presenta como un umbral que anuncia toda una arquitectura (para los arquitectos la entera arquitectura es una puerta) que representa una comunicación, una cultura, a la entera sociedad. La puerta es la imagen de unión y disociación, obliga a dar paso, cierra y abre a la vez, une y separa, las de las sociedades disciplinarias que eran lo que dejábamos de ser y el advenimiento de algo desconocido, mientras tanto se nos ocupa y se administra la agonía de lo que ya no somos. Ante esto, plantea Deleuze, no se trata de temer o de esperar, sino de buscar nuevas armas. Para Deleuze, son las sociedades de control las que gradualmente se filtran. Abraham se anima a más al afirmar que antes que del control, en esa administración, en esa gestión misma de la sociedad, se irá definiendo la naturaleza de las nuevas fuerzas que, sin nombre ni forma, llaman a la puerta.

  3. mariano Dice:

    ¡Estamos a la puerta! ¿no somos las mezclas de esas fuerzas que se vienen?
    “Lo que importa es que estamos al principio de algo (:…) la instalación progresiva y dispersa de un nuevo régimen de dominación” (Programa).
    Cuando pasamos a la Lógica hay una primera cuestión, referida a la naturaleza de los distintos regímenes, y ahora me parece que sí se refiere a Foucault, pero de un modo controvertido. Dice (al principio de la lógica, lo estoy modificando): los diferentes internados funcionan como variables independientes. La forma de poder que en ellos se ejerce procede por analogía.
    Pero – le contesta Foucault – no hay analogía, sino identidad morfológica de las relaciones de poder.
    Me parece que hablan de cosas distintas, quizá haya incomprensión mutua, pero lo que se deja ver y es más interesante, es que se trata de dos diferentes concepciones del microanálisis.
    La cuestión de la naturaleza del poder que se ejerce remite al problema de los derechos del microanálisis. Esto es muy abstracto. Pero se trata de ver cómo, a partir del tipo de estudio, trata de dar cuenta del carácter inmanente y positivo del “poder”.
    Foucault ha concebido “el poder” de un modo novedoso, opuesto a las doctrinas políticas tradicionales (incluido el marxismo), a partir de las relaciones de fuerza y como siendo directamente constitutivo de realidad. Inmanencia y positividad de las relaciones de poder. Ha inventado todo un idioma para el funcionamiento de esas relaciones que habla de tecnologías, estrategias y formas de saber-poder. Con él pretende abordar la instancia efectiva de su ejercicio. Se trata de una física y una fisiología del ordenamiento económico-político. Deleuze no pretende otra cosa, pero lo hace de un modo distinto, sirviéndose de otras periodizaciones y otro idioma. Supongo que vamos a tener oportunidad de afinar y considerar más en particular todas estas afirmaciones bastante extravagantes.
    Por lo menos dejaré claro que (para mí) nada de lo que dice acá tiene que ver con este otro personaje, compañero, alter-filósofo, que es Foucault. Tiene su interés aclararlo, en la medida en que aparece bastante involucrado en esta posdata y que muchos de los que la leen los encuentran vinculados esencialmente, pienso en Negri-Hardt, por ejemplo, que arrancan Imperio hablando del “biopoder en las sociedades de control” y eso (para mí, y a partir de estas explicaciones que estoy tratando de hacer) que es poner uno sobre otro, no tiene sentido y es peor, es anular la riqueza que permite construir muchos puntos de vista, varios puntos de vista.
    Tratemos de hacer prevalecer la distancia que hay entre ellos. Acá Deleuze dice más o menos, que el poder disciplinario se despliega de forma analógica, los espacios se organizan conforme a un molde, un diagrama de su ejercicio. Lo que cambia y lo que hay que alcanzar es este diagrama que afecta no sólo al régimen que vivimos, sino a nuestra forma de vivir y a nuestras relaciones con los demás.
    Foucault en cambio examina el proceso de instalación de una sociedad disciplinaria trazando su grilla de inteligibilidad, es decir el conjunto de reglas que vincula una a otra diferentes prácticas y conjuntos de prácticas. Por eso puede afirmar que es el mismo poder el que se ejerce en la prisión sobre el cuerpo del condenado, que en la escuela sobre “los menores”, etc. En la inteligibilidad del proceso, una modalidad que es idéntica y coloca a uno en determinadas relaciones frente al otro o los otros.
    En el microanálisis orientado al diagrama el poder no es inmediatamente productor sino del orden. Creo, en este sentido, que Deleuze va más lejos que Foucault, al retener para el estudio del poder al nivel de sus efectos el concepto de represión, en la medida en que los microdispositivos son principios de organización, de territorialización; de ahí que desarrolle todo otro lenguaje sobre el cuerpo sin órganos y el campo de inmanencia del deseo, líneas de fuga, articulaciones, etc.
    Para esta cuestión, que es la del alcance y carácter del microanálisis, ver “Deseo y placer”.

  4. mariano Dice:

    y qué es lo que quiere decir con esto? ¿engañarme respecto a la naturaleza de los estudios de Foucault? Claro que no! nos quiere decir algo que me parece interesante, una especie de warning!, de precaución respecto a los que recogen los análisis de Foucault para referirlos a la actualidad y, en general, a los que aplican teoría crítica en el intento de captar qué características pueden reconocerse a este presente. Nos dice: “no se confundan ustedes -Foucault no se confundía sobre este punto-, el estudio de la modadlidad disciplinaria de poder no está referido a la actualidad; es, en cambio, lo que dejábamos de ser. La actualidad pasa por otras formas (y, claro, requiere otras máquinas)”. Esto es dicho con toda la intención: “aquellos que incansablemente hablan de las disciplinas (hoy diríamos también del biopoder), que insisten con su crítica en el poder disciplinario y las sociedades de bíopoder, no se hagan ilusiones y sepan que están efectuando una crítica que se refiere a algo que no es lo que somos. y, por lo tanto, eso que somos permanece, en sus dichos, absolutamente sin criticar”

  5. Laura Dice:

    Me cuesta mucho la comprensión de tus comentarios Mariano, de golpe me aproximo y después me pierdo. Siento no estar a la altura de la lectura. Te puedo pedir algunas explicaciones?

    1)” La forma de poder que en ellos se ejerce procede por analogía”, Deleuze. Las relaciones de poder no tienen identidad. para él, y por eso la forma en que se ejercen procede por analogía?
    Y, en cambio para Foucault hay siempre “identidad morfológica de las relaciones de poder”, por ello no es necesario recurrir al concepto de ” analogía” en el ejercicio de las relaciones de poder?

    2) Cuando decís: ” La cuestión de la naturaleza del poder que se ejerce remite al problema de los derechos del microanálisis.” ¿Qué son los derechos del microanálisis?

    Estro solo para empezar, no quiero aburrirte con todas las dudas que tengo y las explicaciones que necesito!

  6. laempresadevivir Dice:

    hola Lau!!! agradezco un montón tu comentario!!! (espero que cuando decís que de golpe te aproximás no me hacés un cumplido). Por lo demás yo también me pierdo y sólo busco (por eso me encanta que me preguntes, así yo también me avivo). Es bien difícil lo primero que me preguntás, voy a empezar por lo segundo. Cuando digo “los derechos del microanálisis” me refiero al valor objetivo (por llamarlo de alguna manera) de este modelo de análisis; porqué es preferible a una explicación dialéctica, p.e., o genética, del poder, no es una cuestión de gusto (vulgarmente entendido), es decir que dependa sólo de cada uno, y el considerar preferible uno u otro no es una mera resolución subjetiva, sino que hay una razón, una justificación que es de otro orden (y que tiene que ver con la penetración hasta lo más hondo de lo viviente, “su corazón”). ¿Cuáles son esos derechos, me preguntás? básicamente son los de hacer lo que hace y decir lo que dice; ¿y qué dice y cómo lo hace? bueno ahí está el meollo del problema. En este caso, acerca de la naturaleza de las relaciones de poder, (dice) no tienen “id-entidad”, porque carecen de entidad (son meras “relaciones”, ¡pero algo son!), pero (hace) son independientes y específicas y es necesario elaborar el método, etc. que se las proponga como objeto de estudio. En esta afirmación de los derechos del microanálisis, hay toda una serie de tareas, puntualmente descriptas; toda una serie de “tareas negativas” por un lado, que consisten en dejar de pensar en tales y tales cosas, de tal y tal manera, y por otro lado, un aspecto positivo (acerca de lo que realmente son) y el pesimismo activo de un “positivista feliz”. Las “tesis positivas” de las que parte o llega este microanálisis afirman que las relaciones de poder son ‘inmanentes’ y ‘positivas’ (en el sentido que desempeñan un rol que es directamente productor). (estas son dos “tesis”, hay otras, p.e. la de su ‘existencia capilar’; pero aquellas son las más interesantes, no sólo por importancia, sino por su discusión). (vaya, veo que actúo encubierto, sale a mi pesar… si es cuestión de lecturas, sería el libro de Deleuze que se llama Foucault, a secas). Entonces, respecto al derecho, yo no pienso que Deleuze en esta pd malinterpreta lo que dice Foucault, sino que lo restringe, y es un modo de decir que en algún punto realiza un salto indebido, al cual no tiene derecho y además las encierra en una calle sin salida.
    Bueno, es la emoción, disculpame, quizá si me hacés el resto de las preguntas… hacemos alguna otra aproximación.

  7. Laura Dice:

    Voy un poco mejor ( bah, creo), pero no te entusiames. Sigo un poco con las dudas,a ver: ( lo separo para tratar de entender):

    Textual: ” En el microanálisis orientado al diagrama el poder no es inmediatamente productor sino del orden.”
    En el microanálisis? Se refiere al poder como productor del orden en el microanálisis?

    ” Creo, en este sentido, que Deleuze va más lejos que Foucault, al retener para el estudio del poder al nivel de sus efectos el concepto de represión, en la medida en que los microdispositivos son principios de organización, de territorialización; de ahí que desarrolle todo otro lenguaje sobre el cuerpo sin órganos y el campo de inmanencia del deseo, líneas de fuga, articulaciones, etc.”
    Ahí me mataste Juan, explicame por favor ( apenas comencé a leer a Deleuze) que son los microdispositivos ( me cuesta todo lo micro) y su relación con el concepto de represión de Deleuze.
    La represión no es estudiada como efecto del poder por Foucault?

    Quizás te parece mejor que me dedique a estudiar un poco..

    Muchas gracias.

    Ah, me gustó mucho el mail que envió Ileana, se puede reenviar a quienes les pueda interesar? Lo vas a postear?

  8. mariano Dice:

    oa! El mail de ile también me encantó. A mí me parece que da para reenviarlo a la gilada; y puede ser posteado o sumado como comentario al de los objetivos del taller, no sé, esperemos a ver qué dice ella (y los otros).
    Al grano de este asunto. La tesis positiva del poder rechaza precisamente que el poder sea, en sus efectos, esencialmente represivo. Así hablarían precisamente los de la tesis negativa del poder (oposición entre poder y libertad). No es que no haya represión, pero ése no es su efecto principal, sino que produce realidad (juegos de saber-poder; las relaciones del poder con la verdad). Los dispositivos son esas madejas que interceptan enunciados y visibilidades. Que lo que es micro se te complique me parece natural y buena señal, no es una cuestión de dimensiones sino fundamentalmente de punto de vista, perspectiva (el análisis de lo micro supone otro enfoque).
    Ahora (estoy improvisando, voy a repetir tu gesto: ¡perdonen, che deleuze y foucault), esta realidad, estas formas de subjetividad, etc, que el poder directamente produce, esta panpoliticidad, ¿no implica un bloqueo y una obturación de la inmanencia del deseo? ¿no tiene, a ese respecto, todavía un efecto de represión? ¿Cuál es el status de las formas de resistencia al poder que se ejerce? ¿no debería haber algo más profundo e indeterminado “reprimido” por el ser del orden? ¿no habría que contar con un modelo que incluya las prácticas de fuga?

  9. Ileana Dice:

    Creo que este tema da para dedicarle algún trabajo, yo también me pierdo, Igual está muy interesante el intercambio entre ustedes, esta riqueza deviene de la dificultad que presenta y de la importancia que tiene en relación a dos cuestiones bien importantes que destaca Mariano: primero, el establecimiento de las distancias entre Foucalt y Deleuze y, en relación a ésto mismo, el rescate de sus diferencias acerca del placer y el deseo.
    Respecto a mi mail, me parece bien publicarlo como comentario entre los objetivos del taller.

  10. Nico Dice:

    “no se confundan ustedes -Foucault no se confundía sobre este punto-, el estudio de la modadlidad disciplinaria de poder no está referido a la actualidad; es, en cambio, lo que dejábamos de ser. La actualidad pasa por otras formas (y, claro, requiere otras máquinas)”.

    Coincido en esto de la advertencia, hoy es algo que no dejamos de ver, los usos de foucault que hace el management. Hace poco pude ver un ejemplo claro de parte del Philosophical counselling (orientación filosófica): la psicología está del lado del poder, ha hecho más mal que bien, del lado del imperialismo, de las disciplinas, ha creado la enfermedad mental como un instrumento de dominación (citan Enfermedad mental y personalidad y La historia de la locura), etc. Envío por correo este trabajo, saludos.

  11. ile Dice:

    releí esta cuestión del microanálisis, la había olvidado por completo. en relación al debate Foucault y Deleuze. No llego aún a comprender adecuadamente, pero comparto esa impresión de Mariano de que están hablando de cosas distintas. Me parece que Deleuze está haciendo hincapié en nuevas aperturas y movimientos en esos diagramas de poder, que le permitan volver visibles puntos diferenciados , aún cuando desde el punto de vista morfológico parecieran tener el mismo entorno. Porque pienso, que si en nuestra actualidad, focalizamos la atención en ese entorno, no se pueden distinguir las variaciones. Si no entiendo mal, habría que reconsiderar un nuevo microanálisis, que captara estas nuevas aperturas entre prácticas y conjuntos de prácticas, para percibir puntos distintos que conforman un nuevo diagrama que pliega el encierro en un supuesto “afuera”, al aire libre ? Un nuevo plano, o mejor aún, la coexistencia de planos y no la sucesión de sistemas. Acaso eso anuncia afirmando “Nuestro futuro son las sociedades de control siendo sociedades disciplinarias”.

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