Mariano Iriart
Éticas empresariales, para comenzar a orientarse en el entramado socio-cultural de la actualidad. Describir “la raza impúdica de nuestros amos”, expertos y consultores. Lo primero que surge es que “¡esto no pasa aquí!, no de este modo” y eso parecería contradecir todo lo que nos interesó desde el principio, el “análisis local” que se nos había propuesto. Interesa el meollo, empezar a descubrir la pretensión de matriz cultural del “pensamiento económico”, su ambición filosófica; captar y analizar su voluntad de poder. (En la forma arbórea tenemos, para el análisis, un abuelo nietzsche, unos papás michel y gilles, y al primo tomás).
Poder pastoral, aggiornado a la simbología de la empresa, modulador universal bajo la nueva forma del capital. Por fuera de las disciplinas, tiene como eje la ética: gestión, antes que control. El managment y el marketing no son disciplinas sino matrices transdisciplinarias desplegadas sobre todas las áreas de la cultura (economía cultural). Tienen que ver con la gestión, es decir, el manejo de los hombres y de las cosas; una nueva -ciencia -de -la -administración.
El punto de vista cortesano designa una funcionalidad: la “excelencia empresarial”. Parte de Aristóteles, define la ética como un tipo de saber práctico que orienta la acción; ubica a los negocios en la generalidad de la acción humana. Peter Drucker habla de ruptura respecto de los ideales del pasado y plantea la necesidad de una nueva moral que se articula no ya sobre los individuos, sino en las organizaciones. La empresa (y no las personas) viene a desarrollar el rol rector desde la que se prolongará el arquetipo a otras formas de organización. El managment plasmará los agentes de la organización. Resalta el líder, el paladín de los valores; no sólo no combate al capital, sino que lo hace bueno, llega a establecer el Capital Benefactor. El líder es uno más del grupo, distinto al antiguo jefe, los elementos de su carácter se definen en base a la comunicación: motiva, enseña, acompaña, conduce, etc., mediante el diálogo. La empresa es el alma de los individuos, un espacio virtual y además virtuoso, no hace más que desarrollar valores tomistas. Es, como la naturaleza para Spinoza, un sistema de transformaciones.
El punto de vista escéptico condena la filosofía soft de la empresa, como fruto de una manipulación ideológica, que se sirve de la sugestión y el control de las almas. Hoy el control opera mediante la comunicación y la imagen; se trata de comunicar globalmente, de funcionar con la imagen, de personalizar, lograr comunicaciones polimorfas e intersticiales con sus principios de innovación permanente. Aquella ética no es más que una markética. Esta ética de los negocios expresa reglas de conducta que no son “cuestiones morales” sino respuestas confeccionadas para una sana gestión. Hoy la empresa no es una institución sino una comunidad originaria de pertenencia. Para Le Goff, compensar la crisis generalizada de las instituciones con una ideología del managment – la empresa con sus nuevos rasgos éticos – nos atrapa en una retórica de la dominación. “La servidumbre voluntaria en la empresa” es una Regla que hace innecesaria la proliferación de reglamentos, porque es factor de adhesión y autoridad moral. Para Le Mouel es el signo de una contradicción interna al sistema, un contrasentido que se convierte en un disfraz para los que quieren triunfar sin perder la decencia, un desculpabilizador más. Es curioso, señala Tomás Abraham, el escepticismo de estos filósofos, porque es un escepticismo optimista. Denuncian por un lado la manipulación ideológica de la ética empresarial, pero luego pretenden curarla en su mismo interior. La escenificación de la correcta intervención filosófica en la empresa no se sabe si da para pensar o para sonreír. Es una nueva Contrarreforma, se quiere ser más ético aún, más moral aún, porque sitúan la falacia de la ética de los negocios y del managment moralizador en la impureza de su labor y no en un análisis político de la estructura de legitimación del managment.
Otro punto de vista que permita este análisis, un estudio genealógico y al nivel de los microdispositivos del poder. Un “escritor ejemplar”, Robert Jackall, autor de “Laberintos morales”. No tiene el prurito de los consultores de empresas, ni el esquema laudatorio de los cortesanos, ni la duda administrada de los escépticos. Considera que las interpretaciones que los hombres dan de su vida son parte de su vida. Permite ver las mil y una zancadillas con las que el ser humano juega su supervivencia, y que no siempre da lugar a la amonestación pastoral ni a la elucubración metaética. Jackall se atreve a ver el mundo corporativo con el espesor de un escenario de teatro que no carece de la brutalidad de la vida. Para la vida en los salones del managment más que los valores, importan los contactos; más que la conducta, la suerte, y más que el respeto a uno mismo, las autopromociones. Llama “burocracia patrimonial” a la moralidad corporativa, sistema híbrido, de jerarquías ambiguas y estructura paradójica. Hay una lógica institucional subyacente que obliga el aprendizaje del rostro público: una política de la subjetividad, que incluye el control de las emociones. La corporación es un espacio de conflicto, decorado por una amplia serie de servicios y una “disposición solar”.
Alain Ehrenberg construye la genealogía de una metáfora: interroga, al trazar la historia del Club Mediterranée, la incidencia de la mística deportiva y el ideal vacacional en las relaciones empresariales. Tránsito de una activismo de la pereza a una política supermercadista del ocio. La forma y la consitencia de nuestro cuerpo es el nuevo rostro moral. La empresa-pasión es el principal mensaje de los pastores de rendimiento.