Discursos críticos y falsamente críticos acerca de las empresas

By laempresadevivir

Nicolás Kruk

“Un discurso crítico debe desplazar los términos de un problema para mostrar la mistificación sobre la que se sostiene, un discurso falsamente crítico solo pugna por un espacio de legitimación.”

Esto se trata de un recorrido por las páginas 17 a 63 de “La empresa de vivir”. Copio y pego textualmente en la mayor parte del artículo. Sólo me propuse repasar mi proceso de lectura y lo que logre sacar del mismo, “como lo leí”.

Big bang milenario
Por un lado transformaciones tecnológicas tanto en la producción como en la administración que vuelven inadecuado el sistema de racionalidad tayloriana. Ya no sirven por lo costosas y lentas, y caras, las estructuras verticales. Se requieren nuevas tecnologías de gestión. Por el otro lado, hay un desarrollo de las psicologías laborales y grupales, de los estudios de la personalidad, de los psico y sociodramas, de la psicología social, que problematizan los roles de conducción de colectividades grandes y chicas, los modos de intervención y participación, que desde la psicoterapia centrada en el cliente se proponen como técnicas de conducción de grupos y formación de nuevas formas de liderazgo.
La crisis del capitalismo occidental creó el espacio para que se hiciera un nudo estratégico entre estas dos series que no se vinculan por ninguna finalidad previa, sino que confluyen para crear nuevos espacios de poder.
Vivimos un capitalismo posindustrial de servicios cuya instancia modular es la empresa y sus principales recursos, los humanos. Su alma es el departamento de ventas. Nuestras sociedades son de gestión, el control ya no pasa por la disciplina sino por la ética.

La lengua de hoy
Tomás Abraham analiza la lengua que se habla hoy, con la que se discute todo lo humano. No es con la literatura ni con las ciencias sociales ni con el lenguaje de hombres de las academias y editoriales. La lengua de hoy se bifurca en dos lengüetas. Una es la economía, la otra es la filosofía.
La economía penetra como racionalidad trágica. Es el despertador de las utopías, esta racionalidad anestesia a la misma curiosidad y reconvierte la ansiedad de cambio en un templado letargo. Tiene un funcionamiento metonímico, que se expone al enunciar el siguiente interrogante: ¿cuál es el sujeto del poder en el poscapitalismo global? Cuando no cesa de desplazarse el casillero de las causas no hay política posible. La muerte de la política coincide con el renacimiento de la ética.
La filosofía penetra como espiritualidad ética. “La onda del 3er milenio”. Es el conversor de la política ausente. Se coloca ahí como presencia espiritual en donde falla el control material. Empresa – Estado – Trabajo: en estas tres instancias se juega una batalla de valores. Son productoras de subjetividad.

La empresa de vivir

Es un libro de autoayuda intelectual que intenta sacarnos del letargo y la angustia recordándonos que estamos en presencia de la creación de valores, del calor y del sonido de una fragua planetaria en donde todo se discute. Todo se puede pensar y quizás hacer. EV permite poder crear un espacio desde el que se puedan hacer las preguntas a un mundo que se nos impone. Preguntar es detener. Es un semáforo en rojo. Porque la circulación irrefrenable de los acontecimientos no nos pide permiso para pasar o aplastarnos con su peso de ley, es decir con su autoridad y verdad, el trabajo filosófico arma las preguntas. La filosofía es una voz en alto que aleja la fascinación y frena el impulso fantasmal de la verdad. EV también plantea el interrogante de si la política es posible en un mundo así. También es un objetivo la exposición de la meritocracia actual. Y hay más.

De creyentes, almas y el cielo: los negocios son la vida. (Cortesanos y escépticos)

La racionalidad trágica tiene un discurso de amenaza constante. Un discurso de la necesidad. El infierno espera a los que quedan afuera.
Peter Drucker, teórico del management, nos dice que hoy rompemos con el pasado que lleva el apellido de Rousseau. Porque con él la idea igualitaria, la de una soberanía compartida en forma equitativa mediante un contrato social entre iguales, la distribución de la libertad entre iguales como fundamento del orden social, esta idea igualitaria que mató el liberalismo clásico, introdujo en la política y en la concepción social una moral y una utopía: la de que es posible una sociedad justa que redime a los hombres de la injusticia. Que los hombres mediante un acto de su voluntad pueden crear una justicia terrena. Esto es lo que Drucker llama “salvación por la sociedad”. Se ha derrumbado entonces el siniestro mito de la salvación por la sociedad. Este intento que para Drucker, y para los filósofos que inspiró, condenó a los occidentales a extraviarse por los senderos de la esclavitud, el atraso y el sometimiento al Estado, tampoco se compensa con la prédica irreal de la salvación por el corazón, con la que los librepensadores de la tradición kantiana soñaron los fundamentos de la rectitud moral. Pero la disolución de estos ideales puede provocar la anomia moral, un sálvese quien pueda en las junglas de cemento. El triunfo del capitalismo no debe ser el del individualismo. La nueva cultura, de una nueva moral, se articula con las organizaciones, porque ya no son las personas las unidades sociales de conversión, sino ese más allá de las personas, los ámbitos en los que éstas pasan la mayor parte de sus vidas, los dispositivos institucionales en los que ganan su pan.
Drucker cree entonces en la salvación por la empresa. Y para suerte de él la empresa es un alma. No tiene espacio físico. Los negocios se hacen en cualquier lado. No hay empresa como un espacio ocupado frente a otros espacios, sino modalidades y modulaciones de un mismo mundo: el mundo empresarial. Empresa es puro verbo: emprender. Esta alma es virtual y virtuosa. Virtual porque es invisible. Virtuosa porque emerge una sociabilidad ideal que permite que el capital se vuelva bueno: las duras jerarquías se diluyen en un espíritu grupal, una nueva fraternidad en la que todos son para uno y uno para el negocio. Consenso, diálogo, camaradería, una cierta informalidad, hacen que la empresa también tenga un alma, que ya no sea un sistema de control y vigilancia, con secciones, encargados, supervisores, horarios, fichas, anaqueles, la pesada visibilidad de la fábrica. Es el fin de la dureza jerárquica del puritanismo luterano. Hoy el alma de la empresa debe tener la alegría de las sectas. Y por el otro lado, a esta gran alma le corresponde aquella pequeña alma que lleva a todas partes el individuo, como microchip bíblico, que hace que el antiguo formato del cuerpo productivo, esa construcción de un frankenstein rendidor, sea hoy una invisibilidad dinámica, un espíritu, nervio, neuronas, fibras ópticas, cuyo portador tiene el volumen del viento. El ideal agustiniano.
Virtuosa o virtual, esta cosmovisión empresarial es una bisagra, una juntura, el exacto pliegue en el que se anudan cielo y tierra. Los nuevos medios pastorales son comunicación e imagen.
Creyentes y empresarias: así son las éticas cortesanas y escépticas.
Tanto en el índice como en el mismo cuerpo del libro podemos detectar la diferencia en los títulos de los puntos de vista. El cortesano y el escéptico comparten el siguiente: “Éticas empresarias”. Éticas y no ética (como la de los dos puntos siguientes). Plural. Lo plural sin duda hace referencia a su abundancia editorial, social y económica.
Estas éticas son además empresarias. Los negocios son la vida. Ubican a los negocios en la generalidad de la acción humana. Por último son éticas empresarias porque son markéticas: utilizan el lenguaje moral para mejorar la imagen empresaria y conquistar nuevos lugares en el mercado. No pretenden más que dar una satisfacción moral sin cambio material. Son desculpabilizadores moralistas.
¿Por qué son creyentes? Porque creen. Creen en la salvación por la empresa. Los cortesanos creen en ella de forma directa.
Los escépticos realizan un rodeo a través de la salvación por el corazón para luego llegar purificados al almuerzo de negocios. Son reformadores morales: sabiendo y aceptando que no hay salvación por la sociedad apelan a la purificación de la ética empresaria. No hay fisura en la creencia; sino que es el movimiento que se verifica entre el descreimiento y la ilusión, una oscilación irresuelta que va de la crítica al espejismo. Es una nueva Contrarreforma, se quiere ser más ético aún, más moral aún, porque sitúan la falacia de la ética de los negocios y del management moralizador en la impureza de su labor y no en un análisis político de la estructura de legimitación del management.

Subjetividad y fantasmas: el choque entre los negocios y la vida. (Crítico – Materialista)
Se nos pide ser uno mismo y el mejor. Uno mismo en el podio. Hacer el record óptimo de nuestro potencial. Se hace converger así la modernidad tecnológica y el desarrollo del potencial personal, la utopía tecnológica y el sujeto soberano. Se requiere espíritu de aventura. La empresa-pasión es el mensaje de los pastores del rendimiento.
Se crea un modelo cultural, una técnica de fabricación de la autonomía, un aprendizaje del gobierno de si para la vida pública-privada. El empresario es individuo puro, su propia raíz. La búsqueda de la autenticidad es indisociable, en la cultura empresarial, de la visibilidad. Se debe conquistar la intimidad psíquica. Abordarla con el código público de la visibilidad. Hay una política de la subjetividad que exige el control de las emociones, la conquista de la intimidad, el dominio de si, una disposición solar. Tanto la literatura gerencial como los medios de comunicación tratan de producir resonancias emotivas en el ámbito privado, en las cuerdas sensibles de la intimidad.
Habiendo presentado el cielo empresarial en el apartado anterior y teniendo en claro que el infierno es quedar afuera, la desocupación, a continuación se describen los fantasmas del adentro: el de la nada (cuando el todo no se puede) y el del todo (porque no se puede). El fantasma de la nada lleva (según Ehrenberg) al consumo de psicotrópicos, ansiolíticos, sedantes y antidepresivos. El fantasma del todo (de la mano de Jackall) incluye las consecuencias del inevitable ascetismo psíquico que exige el deber empresarial y las sensaciones de culpa que produce, así como también accesos a la bebida, ansiedad-depresión, rabia indiscriminada, disgusto de sí, sensación de falta hacia la empresa o hacia la familia.
Finalizo este recorrido con Robert Jackall: isla flotante en mar de lo mismo, aquel que está más cerca de la vida real. Nos presenta una mirada un poco más cruda del funcionamiento de la máquina empresarial. Se trata de un sistema marcado por patronazgos, intrigas y conspiraciones. Una burocracia híbrida. Combinación entre facetas de la organización moderna y la recreación de la burocracia patrimonial en el contexto de la corporación. La burocracia racionaliza no sólo el trabajo, sino también las caras públicas, las apariencias, los modos de presentarse a sí mismo, la conducta internacional. Lo correcto en una corporación es lo que tu jefe quiere que hagas o seas. Y advierte que el bienestar del trabajo corporativo depende de los contactos, la suerte y las autopromociones

7 comentarios para “Discursos críticos y falsamente críticos acerca de las empresas”

  1. mariano Dice:

    Grande Nico! Le esperábamos. Hay algunas cosas que me han llamado la atención, no se trata de objeciones, sino que me dan para comentar algo ya que estamos.
    Lo primero que me produce cierta incomodidad es tu clasificación de estos discursos, porque reactiva un criterio que se intentaba superar, el de dogmático (creyente) -crítico. La expresión del título quizá no esté en mejores condiciones en la medida que transporta al interior de una de las posiciones la misma dualidad, una dualidad tal que exime la discusión de la situación del sujeto de enunciación (que no es dogmático, ni hará un uso espurio de la crítica). Por la trasposición, en cierto sentido, está en mejores condiciones, pues son todos puntos de vista “críticos” de alguna manera, aunque cae en la siguiente trampa, la de la verdad. Pero quizá no es la falsedad de la crítica, sino ante todo una dirección, un encarnizamiento que no es de por sí preferible, que requiere de ciertos atributos para ejercerse, que persigue tales objetivos, etc. (p.e., “mostrar la mistificación sobre la que se sostiene”). Me gusta esa frase que es como el encabezado en la que te basás evidentemente para el nombre de lo posteado. Vos quizá estarías tentado a decir que para tu clasificación recepcionaste esa distinción, pero yo diría que no se trata de la señalización de un criterio clasificatorio, sino la decisión y determinación de un fin para ejercer la filosofía: como tarea de desmistificación (en lugar de legitimar lo que ya se sabe). Esta es una transformación que ocurre al interior de la crítica en efecto, es la que va de Kant a Nietzsche, de la crítica que pretende fijar definitivamente los límites de lo que puedo conocer a la crítica que denuncia el conocimiento como “ilusión”. Lo que querría, en conclusión, destacar es que hay un interés muy concreto en la literatura gerencial, no se la considera mero efecto ideológico, sino lugar de enunciados con efectos de poder y pretensiones de saber. No se trata de pasarla por alto con el desprecio del que ya sabe lo que puede encontrar ahí, sino considerarla con toda la seriedad que por sus efectos puede concedérsele.
    La segunda observación es el asombro que me produce leer que “es un libro de autoayuda intelectual”. La verdad que no lo había notado así, me parece que es un rótulo discutible: la autoayuda es una forma discursiva que te repite: “tú puedes”; para mí es un libro de filosofía que se relaciona con el impoder, con las contraconductas y en general con una forma de no-poder, la debilidad en el filósofo es esencial, él es un tipo común con una actitud singular. Por otro lado, la energía que le da ese adjetivo, intelectual, me parece que le sienta bien, aporta algo, dice sobre un aspecto al que vinculás bastante bien y que tiene que ver con las formas del hacer y sus relaciones con el pensamiento. En fin, no diría “es un libro” sino que lo relativizaría un montón, diciendo p.e. “tal vez podría considerárselo como un libro…”, o sea no me parece que sea particularmente eso, pero sí que “también podría llegar a ser” entre otras varias cosas que no estarían excluídas. Porque eso sin duda lo es: un estudio complejo de las transformaciones políticas, sociales, culturales acaecidas en la década del ’90.
    Lo más interesante del resumen de tu lectura (para mí) es esa articulación que presentás de las diferentes posiciones a partir de las relaciones entre los negocios y la vida. “Éticas- ética”, es algo que no había notado, ni lo he pensado, pero por el momento no me quiero extender más. Un abrazo.

  2. Nicolás Kruk Dice:

    Disiento: “La exposición de los dispositivos del poder tiene una función crítica al desmantelar los discursos de legitimación, la verdad que emite el poder para justificar su dominio.” (p.28).
    La división elegida refleja algo que se presenta en el libro. Una decisión ética frente a los discursos del poder: “por un lado nos encontramos con los filósofos de la adulación, por otro con los escépticos, que, aunque parezca paradójico, son creyentes, y por último con los del materialismo crítico.” (pp. 30-31). Entonces, por un lado creyentes, que en el fondo solo pugnan por un espacio de legimitación. Y por el otro, crítico-materialistas, que “están más cerca de la vida real”. En ningún momento se niegan los efectos de los cortesanos y los escépticos, ni ignoro que los escépticos ejercen una “crítica lúcida” como lo señala Abraham. Y a pesar de que sobre el final de esa parte del libro parece alivianar su opinión diciendo que los materialistas “visten de marrón” a los directivos queda claro que las aguas quedan divididas en dos, sin que eso signifique que se ningunee a los creyentes de la misma manera que los intelectuales hacen con la economía. Se trata de la lectura desprejuiciada pero decidida que hace Abraham acerca del tema. No deja de tener una opinión acerca de esos discursos.

    “Un libro de autoayuda intelectual”. Vuelvo a los objetivos del libro: estamos en presencia de la creación de valores, del calor y del sonido de una fragua planetaria en donde todo se discute. Todo se puede pensar y quizás hacer. Es una obviedad señalar que no es un libro de autoayuda porque estos son libros repiten “tu puedes”. Los libros de autoayuda dicen “tu puedes ser feliz”. Este es un libro de autoayuda en otros sentidos, en los términos que se describen y enumeran en los objetivos del apartado “La empresa de vivir”. De la misma manera que no todos pueden ser felices leyendo “Tus zonas erroneas”, no todos pueden pensar y hacer leyendo EV. Además el término es conveniente por otras razones, alude a la discusión ética que atraviesa todo el libro, que reverbera en el título y que se manifiesta en el análisis desprejuicioso de la literatura de autoayuda, es un guiño y un llamado de atención hacia aquellos que sienten que el “nuevo realismo” (pp. 24-25) los aplasta y una invitación a estar mejor de otra manera, pensando y haciendo. Me parece más romántica y breve que tu definición (que al fin y al cabo, alude para mi, al mismo contenido): “un libro de filosofía que se relaciona con el impoder, con las contraconductas y en general con una forma de no-poder”.

    Me hago una crítica. El ordenamiento del recorrido es pedorro. Empiezo por la “causa”, describo las principales dificultades para abordar esta nueva realidad, los objetivos del libro y divido las aguas muy nítidamente en dos (casi hasta parece entre “malos y buenos”). Eso es pedorro. Eso en el libro no está así. Es más rico, con más matices. Tal vez debería haber hecho un trabajo más detallado sobre algunos puntos nodales y extenderme a partir de ellos (como por ejemplo el concepto de “racionalidad económica”) y no una “instantanea” que intentara retratar un recorrido exhaustivo.

  3. mariano Dice:

    Me parece que disentís con algunas cosas que yo no dije, como que lo que decís no se presenta en el libro, o que ignores la crítica escéptica por ejemplo.
    Ahora hay algo que disiento: no es una decisión ética, sino una opción epistemológica frente a los discursos de poder, eso en cuanto a los dispositivos a través de los que se ejerce.
    Por último, mi definición pude ser menos romántica pero refleja mejor el contenido y la intención y es más breve por cierto que la tuya: “es un libro de filosofía”.
    Respecto de tu autocrítica, sin tener en cuenta los adjetivos, estoy de acuerdo con lo que decís, con la diferencia que considero que haber hecho esto no impide hacer también aquello otro y que se trata de probar de varios modos y rehacerlo diez veces si hace falta, y buscar sobretodo qué se puede hacer y cómo hacerlo mejor.

  4. Nicolás Kruk Dice:

    Es verdad, en este caso no entendí bien que dijiste. Posiblemente haya inventado una lectura del comentario. Tus observaciones muchas veces son muy elevadas para mi.

    “no es una decisión ética, sino una opción epistemológica frente a los discursos de poder”: yo de eso nada se. No manejo ese lenguaje o lo que sea que es.

    “libro de filosofía que se relaciona con el impoder, con las contraconductas y en general con una forma de no-poder”: yo de eso nada se. Tu definición es más breve y representativa, yo traté de aportar algo que dijo Abraham en una entrevista de la EV.

    Respecto de mi autocrítica:¿”sin tener en cuenta los adjetivos”? No entendí. ¿Por pedorro?

    Mariano: aprendo mucho con vos y otras veces nada. Pienso que como dice Abraham y ya te he mencionado, tenés que buscar a tu otro. Yo con este tipo de “intercambio” me siento incómodo. Por un lado estoy en una situación que puedo llegar a aprender algo y muchas otras veces no. Pero eso bajo una fachada de discusión que se cree de igual a igual. Está claro que lo que te pueda aportar es muy poco. Y que yo no puedo “discutir y pensar” con vos. Todo bien, no lo digo con bronca, ni resentimiento, sino todo lo contrario, muy agradecido. Pero bueno, te lo dejo para que lo pensemos.

  5. Nicolás Kruk Dice:

    Medio dramático el comentario anterior. No me des mucha bola. Me frustro un poco con tus aportes, no lo tomes como personal. Todo bien.

  6. mariano Dice:

    oh, no pretendí incomodarte de ese modo, lo siento, si te consuela no es un intercambio de igual a igual, es convivencia, tener aficiones comunes y buscar desarrollarlas cada uno lo mejor que pueda.
    “no es una decisión ética, sino una opción epistemológica frente a los discursos de poder” es casi una frase tuya, no se porqué te resulta tan extraña: corrí ética y puse epistemología, porque el estudio del “lenguaje económico” no es para que seamos buenos ni está orientado por la idea de bien, sino que es un estudio al nivel de los dispositivos de poder, que tienen cierta relación (estrecha) con el conocimiento y la verdad (no tanto en cuanto a enunciarlo y fijarlo como en mostrarlo ilusión antropológica e impostura del poder) y además está vinculada a reacciones del pensamiento. Es epistemología, ofrece modelos para la objetivación teórica.
    “Filosofía” es más breve que “autoayuda intelectual”. Si leés de nuevo mi primer comentario podrás ver que yo lo valoro en algún sentido, como algo que podría ser. Y lo considero un aporte (en tanto a mí no se me había ocurrido). Leí la nota esa que me decís, muy interesante por cierto y no la conocía. Lo que dice ahí es que hacer EV funcionó (para él) como un antidepresivo.
    “Sin tener en cuenta los adjetivos” es lo de pedorro, sí. Es que, en realidad, todo es o puede que sea una pedorrada, salvo alguna oración, alguna mención, alguna observación, alguna distinción; hay que trabajar más y lamentarse menos, esa sería la idea.
    Un abrazo.

  7. Nico Dice:

    Un dato nomás: “técnicas de conducción de grupos”… esos desarrollos de la psicología de los grupos tienen su origen (¿punto de emergencia?) en experiencias realizadas en hospitales militares al finalizar la segunda guerra mundial. El psiquiatra inglés Bion es uno de esos precursores. Por la imposibilidad de realizar un seguimiento individual a cada uno de los 400 internos, conformó los primeros grupos terapéuticos (“de auto-ayuda”). Al menos eso entendí hasta ahora.

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